De la memoria de EEUU no se ha borrado en siete años una imagen del Katrina: George Bush observando la devastación desde el aire, en el avión que le llevaba desde las vacaciones en Texas hasta Washington DC. Ayer, a seis días de las elecciones presidenciales, dos después de que el huracán Sandy soltara toda su furia sobre la costa este, Barack Obama voló también sobre Atlantic City y la costa de Nueva Jersey, la zona cero de la tormenta. A diferencia de Bush, no solo miró desde el aire. Y en su descenso al epicentro de la destrucción, acompañado y alabado por un gobernador republicano que tradicionalmente es un crítico feroz, Obama fue presidente y candidato, líder y, quizá, ganador.
Información publicada en la página 10 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 01 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La elección de Nueva Jersey era acertada. En Atlantic City, su ciudad del juego, Sandy tocó tierra, haciendo que el agua se tragara buena parte de su paseo marítimo, destrozando casas, inundando hoteles, casinos, negocios y hogares… En el estado están 2,6 millones de los ocho millones de personas que en toda la costa este se han quedado sin luz. Más de 4.500 duermen en refugios.
En Nueva Jersey se han producido al menos seis de las 59 víctimas mortales que, según los últimos datos, ha causado el Sandy en EEUU. El transporte público ha quedado prácticamente anulado y la gasolina empieza a escasear. Y las comunicaciones fallan, un problema que afecta al 25% de móviles, televisiones por cable y conexiones a internet.
LA PROMESA / Tras ver de primera mano la destrucción, y tras recorrer en Brigantine uno de los centros comunitarios transformados en refugio, Obama renovó su compromiso con la recuperación. «No habrá burocracia», dijo, prometiendo que cada gobernador y alcalde de la zona afectada tendrá siempre una respuesta pronta del Gobierno federal.
Un día antes de retomar hoy en Nevada, Colorado y Wisconsin los actos de campaña que ha dejado en suspenso tres días, Obama quiso ser el presidente efectivo del realismo y la implicación directa. «Queda mucho trabajo por hacer. Que nadie piense que esto acabará mañana. Que la gente tenga expectativas realistas; pero que sepa también que el Gobierno federal está trabajando. Y que no abandonaremos», dijo. Nada de cambio y esperanza. Desde la Casa Blanca el mensaje es decisión y manos a la obra.
Es, sin duda, un mensaje con trasfondo electoral. Y nada lo refuerza más que haber comparecido y haberse sumido en un baño de alabanzas mutuas con Chris Christie, el gobernador republicano, en una muestra suprema de colaboración bipartidista en momentos realmente necesarios.
«El presidente ha sido fantástico», dijo en repetidas entrevistas Christie, que ya sobre el terreno insistía en ello. «Tenemos una gran relación de trabajo para asegurarnos de que hacemos la tarea para la que fuimos elegidos», decía el gobernador, con su propia agenda y elecciones también en juego. Conservador en un estado mayoritariamente demócrata, Chrisite tiene retos para ser reelegido en el 2013. Y si como se sospecha intenta ser el candidato presidencial republicano en el 2016 (si Obama gana a Mitt Romney), la imagen de trabajo conjunto con el actual presidente será un impagable anuncio de campaña.
NEVADAS / Pero tanto Obama como Christie ayer se esforzaron en alejar cualquier espectro de politiqueo. Y el presidente se encargó de recordar que una de las zonas más densamente pobladas del país ha sufrido un gran golpe. Señaló como núcleos más afectados tanto Nueva Jersey como Nueva York, pero también Connecticut y West Virginia, donde el Sandy ha empezado a dejar potentes nevadas en zonas de difícil acceso.
La prioridad para la zona devastada, aseguró Obama, es restaurar el suministro eléctrico, un empeño en el que dijo que han prometido colaborar las grandes compañías de estados no afectados. Apuntó también como metas prioritarias restaurar el sistema de transporte y el funcionamiento de las escuelas. Comprometió ayuda militar para trabajos en campos como infraestructuras, filtrado de agua y transporte de vehículos de emergencia. Y recordó a los afectados que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), que tiene desplegados a 2.000 miembros, ya tiene habilitados sistemas para ayudar a los afectados. Esas siglas malditas también tras el Katrina, con Obama, brillan. Al menos de momento.
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