La guerra de Afganistán entra en una nueva fase. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado la pasada madrugada en un discurso televisado a la nación que el mes que viene iniciará el repliegue de 10.000 de los cerca de 100.000 soldados estadounidenses actualmente desplegados allí y ha fijado en el verano del 2012 la fecha para el repligue de otros 20.000 militares. Su decisión, que pone fin al refuerzo de 30.000 soldados que él mismo aprobó en diciembre del 2009, abre ahora un nuevo escenario táctico y estratégico en Afganistán y también un debate político (y electoralista) en EEUU.
El presidente Obama anuncia la retirada gradual de sus tropas en Afganistán. ATLAS
Es fácil identificar en el paso dado los efectos de una creciente crítica política y social en EEUU, donde la crisis económica ha subrayado el alto coste de la contienda ya más larga de su historia. Y lo ha reconocido Obama al asegurar: "En la última década hemos gastado un billón de dólares en guerra en un momento de creciente deuda y duros momentos económicos. Ahora debemos invertir en el principal recurso de Estados Unidos: nuestra gente", ha dicho, para poco después añadir: "Estados Unidos, ha llegado el momento de concentrarse en la construcción nacional en casa".
En términos estratégicos, Obama da luz verde a un repliegue más profundo y más rápido de lo que le habían recomendado los mandos militares encabezados por el general David Petraeus, el secretario de Defensa, Robert Gates, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que apostaban por mantener las tropas para consolidar los avances logrados justamente por el refuerzo en el último año y medio. Sin embargo, Obama no ha satisfecho tampoco a quienes esperaban o pedían una retirada aún más acelerada y ha mantenido el calendario previsto que habla de una retirada definitiva en el 2014.
Lo que su decisión de poner en marcha el principio del fin de la guerra representa es un triunfo de su vicepresidente, Joe Biden, y de quienes como él llevaban tiempo apostando no por reforzar masivamente la campaña contra la insurgencia que se libra sobre todo en el sur, sino por operaciones antiterroristas más quirúrgicas y precisas como las que se han desarrollado sobre todo en el este afgano. Y lo ha dejado claro el propio Obama cuando ha señalado: "Cuando seamos amenazados debemos responder, pero cuando pueda ponerse la fuerza en una diana no desplegaremos grandes ejércitos en el extranjero".
Obama ha asegurado que inicia el repliegue "desde una posición de fuerza", hablando de las derrotas de Al Qaeda. En ese campo no tenía argumento más poderoso que la muerte de Osama Bin Laden, al que ha añadido informaciones como la colaboración con Pakistán que ha acabado con la mitad de los líderes de la organización o información recabada en la misión en Abbotabad, donde ha destacado que Al Qaeda reconoce sus apuros y problemas. "Al Qaeda sigue siendo un peligro y debemos permanecer vigilantes, pero hemos puesto al grupo en el camino de la derrota", ha declarado.
No ha hecho mención de los problemas de corrupción y tensiones bilaterales que dificultan la transición en Afganistán. Solo ha rozado la superficie de las complicadas negociaciones con los talibanes. Tampoco ha analizado las posibles consecuencias que el inicio del repliegue puede tener en las decisiones de otros países con tropas, como el Reino Unido, con cuyo líder habló horas antes de pronunciar el discurso (como con los de Afganistán y Pakistán).
Sí ha aprovechado, en cambio, para hacer una defensa de su línea de política exterior y ha apostado por buscar un centro entre las posiciones de quienes apuestan por un mayor aislacionismo y los que defienden un mayor intervencionismo. "Debemos dar la bienvenida al papel especial de EEUU en el desarrollo de acontecimientos de la humanidad pero debemos ser tan pragmáticos como apasionados, tan estratégicos como decididos", ha dicho. Ha sido el aperitivo para defender la participación en la campaña militar en Libia, que cada vez más voces cuestionan en EEUU, y el apoyo a las revueltas árabes.