No hay Nobel chino sin ruido. El premio de Literatura otorgado el jueves al escritor Mo Yan recibió interpretaciones enfrentadas de Pekín y la disidencia. El primero lo ve como un reconocimiento; la segunda, como una afrenta. Son las mismas posturas, pero con las partes cambiadas, que se escucharon tras el Nobel de la Paz al disidente encarcelado Liu Xiaobo en el 2010.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 13 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No erraron quienes anticiparon el uso propagandístico que haría Pekín del premio. «Los escritores y el pueblo chino han esperado mucho tiempo este día. Felicitamos a Mo», se leía en el Diario del Pueblo. Pero mirándolo con frialdad, la prensa china no sobrepasó el júbilo ni el nacionalismo de otros países -pongamos España después del galardón al escritor Camilo José Cela- en la misma situación.
La literatura china, tan rica como desconocida, ha sido muy maltratada por el Nobel. «Merece definitivamente el premio, es una afirmación de nuestra literatura», confirmó el popular escritor Yue He. Wang Anyi, presidenta de la Asociación de Escritores de Shanghái, también se felicitó por el «primer chino» que consigue el premio de Literatura.
CONTUMAZ CRÍTICO / De la lista se cae Gao Xingjian, quien lo recibió en el 2000 ya con la nacionalidad francesa. El premio a Gao, un exiliado y contumaz crítico con el Gobierno, fue la primera bofetada a Pekín. Después llegaron las de los premios de la Paz al Dalai Lama y Liu Xiaobo. Tras este último, China acusó al galardón de estar politizado y de servir a los poderes de Occidente.
Aquellas acusaciones fueron recogidas ayer por la disidencia, que juzgan a Mo como demasiado próximo a Pekín. Fue un día ajetreado para Ai Weiwei, el célebre artista que acumula pleitos con Pekín, citado por incontables medios. Calificó el premio de «broma», aseguró que «manchaba y deshonraba a los ganadores previos» y «denigraba» la reputación del galardón. «Hace dos años, el Nobel fue a un chino que quería expresar su opinión y fue arrojado a la cárcel. Ahora va a alguien que escribe de política en términos halagadores», dijo en referencia a Liu.
Yu Jie, un disidente exiliado, habló del «mayor escándalo en la Historia del Nobel de Literatura». Wei Jingsheng, considerado por muchos como el padre del movimiento democrático moderno en China, alabó la categoría artística de Mo pero criticó que, por ejemplo, participara en la recreación de un viejo discurso en el que Mao aseguraba que la cultura y el arte debían apoyar al Gobierno. Mo es miembro del partido y vicepreside la Asociación de Escritores de China.
¿Es Mo un colaboracionista? No para quien haya leído sus obras. En ellas describe el sufrimiento del pueblo chino en el pasado siglo y se detiene en algunas de las dolorosas políticas oficiales, como la del hijo único o la Revolución Cultural. Algunas de sus obras han tenido problemas con la censura.
Ocurre que la disidencia digiere mal el reconocimiento internacional a cualquier chino que no haya convertido la crítica al poder en su eje vital o no haya pasado años en la cárcel o en el exilio.
El mayor interés de Mo es literario, y ayer recordó que el premio «no es político». También pidió la liberación del premio Nobel de la Paz en 2010, Liu Xiaobo, en una declaración posterior a la polémica, y en la que se le vio algo superado.