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LAS SECUELAS DE 'SANDY'

Navegando a oscuras

El este de Manhattan vivió la noche más aciaga sin suministro eléctrico, sin teléfono y con las avenidas convertidas en ríos

Los equipos de emergencia se movían en lanchas hinchables

Miércoles, 31 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
I.N.
NUEVA YORK

La calles se convirtieron en ríos. Los árboles y las señales de tráfico, vapuleadas histéricamente, en músicos de una tenebrosa orquesta dirigida por el viento. La luna, llena, en faro de un cielo eléctricamente encendido. Y las linternas y luces de los vehículos, en luciérnagas de la noche más oscura que recuerde el este de Manhattan.

Calles anegadas 8Las inmediaciones del puente de Manhattan en Brooklyn quedaron totalmente inundadas. AP / BEBETO MATTHEWS

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Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 31 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Una llamada automatizada de ConEdison, la compañía eléctrica, había anunciado a las 15.09 horas que quizá cortaran el servicio para proteger sus instalaciones, para las que quedar enterradas bajo agua salada era el mayor riesgo. «Por favor, entiéndalo -decía la autómata voz de mujer-, esto nos permitirá proteger los equipos eléctricos y restablecer el servicio en cuanto pase la tormenta».

Quedaba poco para las 21.00 horas cuando la posibilidad se volvió realidad. Hacía casi una hora que Sandy había tocado tierra. Las bombillas y pantallas, que varias veces habían reducido brevemente ya su intensidad, se apagaron de golpe. En la ventana de enfrente, la vela encendida dentro de una calabaza de Halloween se hizo la única referencia de luz. De algunos móviles se esfumaron las barritas que dan cuenta del nivel de carga de la batería y dos palabras confirmaban el aislamiento tecnológico completo: «no service» -sin servicio-.

La recomendación de las autoridades siempre había sido quedarse en casa, antes, durante y después de la tormenta, pero la oscuridad, o la curiosidad, o la soledad, llenaron el East Village de paseantes. Jóvenes y mayores, con perros o cámara de fotos por aceras desiertas. Prácticamente nadie llevaba paraguas.

El East River, desbordado

El suelo ya estaba anegado de agua. El East River había decidido abandonar sus límites y se disparaba por las calles, conquistando primero la avenida D, luego la C, luego la B… Empujados por Sandy, esos nuevos canales se abrían paso sin piedad: por los complejos de viviendas de protección oficial, luego por los edificios de apartamentos de pocas plantas...

En su nuevo reino enterraban garages y trasteros y casas en bajos como las de Tony, el superintendente de un edificio en la calle 8. El año pasado Irene ya convirtió su apartamento en una piscina de casi un metro de profundidad, que cuando se vació aún le dejó 12 meses de lucha contra el moho y enfermedades pulmonares. Esta vez ha sido aún peor. Todo, todo, estaba bajo el agua. «Esta vez no se puede rescatar nada», lamentaba.

La triste Venecia que ayer por la mañana ya había desaparecido anegaba también el lunes una comisaría en esa calle 8, un centro de policía que el 11-S se estrenó como centro operativo de la zona cercada tras los atentados. Anoche pretendía ser también un punto de respuesto, pero sus furgones se convirtieron en botes a merced de la corriente.

El agua llegaba hasta la avenida B, donde seis personas hacían una cadena para achicar con pequeños cubos el agua los bajos donde un día vivió y tocó Charlie Parker.

La corriente impulsaba las muestras de solidaridad. Y creaba escenas que nunca se hubieran podido imaginar: desde el cruce de la avenida A con la calle 14, personal de emergencias emprendía viajes en lanchas hinchables para llegar a la planta de ConEdison, donde se había producido una explosión.

Unas calles más al norte, en el Hospital Langone de la Universidad de Nueva York, Sandy también hacía su conquista. Como en todos los centros médicos, en Langone había un equipo electrógeno que debía mantener el suministro en caso de emergencia. Pero el de emergencia también falló. Había que evacuar a 200 pacientes, entre ellos 20 neonatos que estaban en cuidados intensivos. Había que mantener funcionando respiradores. Había que huir de la oscuridad por las oscuras escaleras.

Langone y el accidente de la planta de ConEdison obligarán a la ciudad a replantearse muchas cosas, quizá, a estudiar la construcción de un dique.

Pero el lunes por la noche no había tiempo para culpas ni proyectos: mientras en Queens ardían 80 casas, en el East Village había que achicar agua, había que buscar cómo comunicarse, había que recoger el helado gratis que el dueño de un deli daba a cualquiera en una tienda donde las neveras también habían dejado de funcionar. Había que navegar por la oscuridad.

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