Día de lluvia, cielos grises y elecciones municipales en Gran Bretaña. En Inglaterra, Escocia y Gales se renueva un tercio de los ayuntamientos. Los sondeos vaticinan un varapalo para los conservadores. La popularidad de David Cameron nunca estuvo tan baja después de dos años al frente del Gobierno.
El alcalde de Londres, Boris Johnson (derecha) habla con veteranos de la segunda guerra mundial, ayer, en Londres. FACUNDO ARRIZABALAGA | EFE
La tabla de salvación debería ser Londres, donde el candidato tory, Boris Johnson, espera renovar su cargo como alcalde por otros cuatro años. Las encuestas le favorecen pero son demasiado ajustadas como para que pueda cantar victoria por anticipado. Solo un par de puntos le separan del veterano laborista, Ken Livingstone, que fue su antecesor y espera aglutinar el voto de los descontentos con los recortes y la crisis. La recesión está golpeando con especial intensidad a los barrios de clase media baja, mientras no parece notarse en las zonas adineradas.
La campaña en la capital ha sido el duelo entre dos egos, con historiales e ideologías muy diferentes. Sus programas y propuestas, o la falta más bien ellos, han quedado eclipsados por un intercambio de acusaciones, agrio y personal. Johnson, rival potencial de Cameron para liderar en el futuro el partido, puede ser, quien, precisamente, salve la imagen de los conservadores. Cameron tiene motivos para estar inquieto, gane o pierda Johnson.
Los laboristas, que a nivel nacional gozan en los sondeos de una ventaja de 10 puntos sobre los tories, confían en comenzar a recuperar terreno en las urnas. Su gran temor es la pérdida de la alcaldía de Glasgow, a manos de los independentistas del Partido Nacional Escocés (SNP), que ya controlan con mayoría absoluta el parlamento autónomo. Los resultados se harán esperar. En algunos municipios, incluido Londres, el recuento no comenzará hasta mañana viernes.