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Un tailandés condenado el pasado noviembre a 20 años de cárcel por haber enviado cuatro SMS irrespetuosos sobre la reina Sirikit ha muerto este martes mientras cumplía la pena impuesta en una prisión de Bangkok, han informado fuentes oficiales.
El caso de Amphon Tangnoppakul, de 61 años, a quien los medios bautizaron como Tío SMS, espoleó el debate sobre la dureza de las sentencias impuestas en Tailandia por "lesa majestad", es decir, por insultar al rey, la reina o al príncipe de la corona.
"Tío SMS ingresó en la infermería de la prisión tras sufrir fuertes dolores de estómago desde el viernes", ha explicado a Reuters el abogado de Amphon, Anon Numpa. "Todavía no conocemos la causa de su muerte, pero había estado luchando contra el cáncer", ha añadido.
Tangnoppakul fue arrestado en agosto acusado de enviar en mayo del 2010 cuatro mensajes de texto al teléfono del secretario privado del entonces primer ministro, Abhisit Vejjajiva, con contenidos que fueron considerados antimonárquicos e irrespetuosos con la reina Sirikit.
La Oficina Central de Investigación de Tailandia declaró tras el arresto que los textos eran "inadecuados", "insultantes hacia la monarquía" y que habían "ofendido" a los destinatarios.
El juez impuso cinco años de cárcel por cada uno de los mensajes enviados al considerar que violaban la ley de lesa majestad y la de delitos informáticos.
Durante el juicio, Ampon negó haber enviado los SMS, diciendo que ni tan solo sabía cómo hacerlo. Su defensa se basó en que no era el propietario de la tarjeta SIM del móvil con el que se mandaron los mensajes, argumento que desmintió la policía.
La cifra de procesos por "lesa majestad" ha llegado a cientos en los últimos años en Tailandia, cuando en la década de los 90 apenas se denunciaba una decena, según el Grupo de Concienciación del Artículo 112, organización que hace campaña contra el empleo de esta ley.
Los sucesivos gobiernos tailandeses han ignorado los llamamientos internacionales para reformar la legislación de lesa majestad, una cuestión altamente sensible en un país donde el rey Bhumidol Adulyadej, de 84 años, está considerado casi una divinidad. En la propia Tailandia, algunos críticos han denunciado que se abusa de la ley para desacreditar a los activistas y políticos contrarios a la monarquía.