Norodom Sihanouk, el antiguo rey de Camboya, ha muerto este lunes a los 89 años en Pekín debido al empeoramiento de su quebradiza salud. Sihanouk llevaba años tratándose en su dorado retiro chino su diabetes, hipertensión y cáncer. El primer ministro, Hun Sen, y su hijo y actual rey, Norodom Sihamoni, han volado a Pekín para traerse sus restos, que serán incinerados en cumplimiento de su voluntad.
Sihanouk fue una figura clave en la política camboyana durante casi siete décadas. Su vida fue tan turbulenta como la de su país. Murió con el aprecio de su pueblo, que en el balance antepone el logro de la independencia y sus buenas intenciones a sus errores dramáticos. Sihanouk tenía solo 18 años cuando los franceses le elevaron al trono en 1941, esperando que ejerciera de marioneta. Sin embargo, solo 12 años después había conseguido librarse del yugo colonial sin disparar un solo tiro, en contraste con el traumático proceso de la vecina Vietnam. Abdicó en favor de su padre para convertirse en primer ministro y dirigir la política exterior.
Las dos décadas posteriores permanecen en la memoria colectiva como las mas pacíficas y gloriosas del país durante todo el siglo. Sihanouk, un monarca con pleno dominio del francés e inglés, cultivaba su refinada imagen. Le gustaban por igual el champán, el fuagrás y las mujeres.
En su menuda figura cabía un jefe de Estado y un enamorado de la poesía, la música (solía entretener a sus invitados tocando el saxofón) y el cine (dirigió, produjo, escribió y protagonizó buena parte de sus 19 películas). Camboya disfrutó de una relevancia internacional inédita gracias a las relaciones que Sihanouk cultivó con Tito, De Gaulle, Mao y otras figuras prominentes de la época.
El antiguo monarca no pudo salvar a su país de la espiral bélica que Estados Unidos extendió por la zona en la década de los 70. Aunque se había declarado neutral, el mariscal Lon Nol le echó del poder con la ayuda de Washington. En su exilio pequinés incubó su peor error: dar su apoyo a unos revolucionarios comunistas que estaban dirigidos en la selva por Pol Pot. La creciente ira antiamericana de la población por los bombardeos genocidas ordenados por Washington y el apoyo de Sihanouk allanaron el camino a los jemeres rojos, que llegaron a Phnom Penh en 1975.
Los cuatro años siguientes fueron los peores que se recuerdan en el continente. Casi dos millones de camboyanos (una cuarta parte de la población) murieron por enfermedades, trabajos extenuantes, torturas o ejecuciones sumarias. Sihanouk pagó caro su error: perdió a cinco hijos y 14 nietos. Los jemeres le mantuvieron como jefe de Estado decorativo durante un año y pasó los siguientes recluido en arresto domiciliario, hasta que la invasión vietnamita finiquitó el régimen de terror jemer.
Los acuerdos de Paz de París de 1991 dictaron la retirada de Vietnam y Sihanouk regresó como monarca constitucional con la intención de democratizar el país. En el 2004 abdicó a favor de su hijo y desde entonces pasaba más tiempo en China que en su país. Camboya sigue hoy lejos de ser una democracia respetable. El primer ministro, Hun Sen, ocupa el poder desde 1985 y tiene atada de manos a la oposición.
Sihanouk utilizaba últimamente las redes sociales para comentar los abusos e injusticias de lo que llamaba “mi pobre país” y plasmar sus pensamientos más íntimos. En el 2009 ya anunció que su tiempo se acababa en su página de internet: “Esta prolongada longevidad me pesa de forma insoportable. Quiero morir pronto, ya he vivido demasiado”.