Los números aterran: unas 29 personas han sido asesinadas en el estado brasileño de Bahía entre el viernes y la madrugada de este sábado en la región metropolitana de Salvador. La capital se convirtió en tierra de nadie desde el momento en el que un tercio de los 30.000 policías de la región se declararon en huelga en demanda de mejores salarios.
La violencia, siempre contenida en algunas zonas de una de las ciudades más visitadas por el turismo internacional, se desbocó. Hubo enfrentamientos entre bandas de narcos y disparos lanzados al azar que impactaron en inocentes. La presidenta Dilma Rousseff ha enviado tropas del Ejército y la Marina para controlar las zonas estratégicas. El Pelourinho, uno de los principales puntos turísticos, en el casco histórico, estaba este sábado atiborrado de militares.
El comienzo de febrero suele tener el signo de lo vertiginoso en Salvador y sus alrededores. La capital bahiana se prepara para el carnaval. Los bahianos aseguran contar con la mejor de las fiestas, por encima de Río de Janeiro, Sao Paulo y Olinda. El carnaval bahiano tiene lugar en las calles. Y esas calles se quedaron en las vísperas sin el control de la fuerza pública.
Fue una sucesión de muertes absurdas, como la de una mujer que amamantaba a su bebé murió durante el ataque de desconocidos desde un automóvil en la plaza de la Piedad, en el centro de la capital. A los casos fatales se le añadieron, según las autoridades, 10 tentativas de asesinatos e innumerables saqueos de tiendas, entre ellas las de la cadena estatal Cesta do Povo. La mayoría de los destrozos ocurrieron en los barrios de la periferia capitalina. La televisión se regodeó con las imágenes de negocios electrodomésticos asaltados y gente en estado de pánico.
El gobernador bahiano, Jaques Wagner, del Partido de los Trabajadores (PT), acababa de llegar de Cuba y Haití, donde acompañó a Rousseff. Lo recibieron con noticias aciagas. La policía se había declarado en huelga. Wagner condenó la acción y ordenó la detención de los líderes de la medida de fuerza. "No esperaba otra actitud de la presidenta Dilma", dijo el gobernador al agradecer el envío de 2.600 tropas de Ejército, Marina y Aeronáutica.
“Estamos tomando medidas para contener las acciones de un grupo de policías que usan métodos condenables y siembran el miedo entre la población, causando desórdenes. La democracia es el imperio de la ley y no puede convivir con este movimiento, que ya ha sido considerado ilegal por la justicia", señaló el gobernador.