El Periódico

Bruselas intenta recuperar el pulso bajo la losa de la seguridad

La plaza de la Bolsa se convierte en el picentro del homenaje a las víctimas

Bruselas intenta recuperar el pulso bajo la losa de la seguridad

AFP / PATRIK STOLLARZ

La policía mantiene cortada la calle que conduce al edificio de la Unión Europea, este miércoles en Bruselas.

Miércoles, 23 de marzo del 2016 - 20:15 CET

Del quiosco de la ‘Maison Antoine’, ese templo de las patatas fritas que no hace mucho visitó la cancillera Angela Merkel en un receso del Consejo Europeo, salía el olor de siempre de los cucuruchos de siempre. Sin embargo, no había las colas que se verían cualquier miércoles a media mañana.

Ni en el metro de Schuman, habitualmente un hormiguero desde primera hora de la mañana, se notaba el ritmo apresurado de la gente que se mueve por el cogollo europeo de la capital belga. La Rue de la Loi, principal arteria del barrio, estaba prácticamente vacía y muchas bocas de metro de la zona este precintadas por la policía.

Cuando estaban abiertas había que dar los buenos días a cuatro militares que le invitaban a uno a abrir su mochila. En el andén reinaba el silencio y en los vagones escaseaban los viajeros.

Veinticuatro horas después de los atentados en el aeropuerto de Zaventem y en el metro de Maelbeek, que han dejado en Bruselas al menos 31 muertos y 260 heridos, la ciudad intentaba recuperar el pulso, empeñándose en no dar a los terroristas el gusto de la anomalía. Sin embargo, había que esforzarse.

“Siento tristeza al ver la ciudad así”, confiesa la joven española Amaya Erce. “Me impresionó que en el vagón de metro había tres soldados y que al salir aquí en Schuman, que es el corazón del barrio europeo, íbamos todos muy callados. Un silencio sepulcral”, cuenta.

"ME HAN ROBADO LA CIUDAD"

A Carmen Sánchez, una trabajadora social afincada en Bruselas desde hace 20 años, le parece que la ciudad está “rara, con una pesadumbre enorme y una tristeza profunda”. “A mí me han robado la ciudad”, dice con un gesto de enfado.

En el centro de la capital, concentradas en la plaza de la Bolsa a las 12.00 horas, unas 2.000 personas guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas. Por la tarde, en vez de silencio hubo abrazos. En un ambiente de camaradería, muchos pintaban mensajes con tiza, en las paredes o en el suelo, donde los colores se alternaban con las velas, como antes en París, Londres, Madrid o Nueva York.

Alguien había escrito en un muro: “Bruselas sigue soñando, cantando, bruseleando”. Junto a la bandera belga colgada entre las dos columnas del edificio de la Bolsa había una pancarta: 'Unidos contra el odio'. Patrick, un treintañero que lleva una década en Bruselas cree que podrá pasar página y decirse a sí mismo que la vida debe continuar pero teme que Bélgica siga el ejemplo de Francia tras los atentados de París y se embarque en un recorte de libertades en aras de la seguridad.

NO COMETER LOS ERRORES DE FRANCIA

“Debemos permanecer unidos, ser solidarios, ser prudentes. Pero no debemos cometer los mismos errores que los países que han sido atacados antes, como Francia con sus nuevas leyes que van en contra de la democracia. Quiero más democracia, más participación para demostrar que somos mejores que los terroristas”, reflexiona Patrick.

Unión era también lo que reclamaban Fatia, de 53 años, Sara, de 28 y Brahim, de 58 años, una familia de origen marroquí que vive a dos pasos de la plaza de la Bolsa y este miércoles se acercó a denunciar lo mismo que muchos musulmanes denuncian tras cada atentado yihadista.

“Que no digan que lo hacen en nombre del Islam porque no hay una sóla religión que pueda justificar eso. Son unos cobardes, unos delincuentes. Es escandaloso. No hay palabras”, dice Sara.

Fatia reconoce que no hay muchos musulmanes entre los que han salido a manifestarse en la plaza de la Bolsa y cree que muchos se sienten culpables y otros temen la estigmatización. Brahim abre otro debate al preguntarse si los padres de los terroristas no son también víctimas. “Hay que responder a la guerra con la paz y al terror con el amor”, señala.

LA GRAND PLACE, DESIERTA

No muy lejos de allí, en la famosa Grand Place donde normalmente recalan los turistas, la actividad era escasa, aunque un par de chicas argentinas se apuntaron con gusto a una visita guiada en español. La desierta plaza contrastaba con las colas inmensas de gente en la única puerta de acceso a la estación Central, donde los registros sistemáticos ralentizaban la entrada de los viajeros.

El resto de las estaciones de tren (Midi, Norte y Luxemburgo) seguían la misma pauta y limitaban el acceso a una única puerta, pero funcionaban con relativa normalidad. La red de metro abría a primera hora de la mañana 11 de sus 60 estaciones, que cerrarían a las 19.00 horas. El aeropuerto de Zaventem seguirá cerrado este jueves, obligando a las compañías aéreas a buscar alternativas. Solo los aviones de carga y privados podrían operar en el aeródromo de Bruselas.

“No creo que esto se acabe aquí, porque esta gente está muy decidida, pero no se puede hacer nada. No sabemos dónde y cuándo nos va a pasar algo y no me voy a levantar todos los días con el miedo en el cuerpo”, resume Tamara en el famoso quiosco de patatas fritas de la Place Jourdan.

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