El Periódico

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LA CARRERA AL ELÍSEO

Marine vuelve a ser Le Pen

La candidata del Frente Nacional recupera los temas clásicos del partido ultra en la recta final de la campaña

Erosionada en los sondeos, Le Pen centra su último gran mitin de Marsella en inmigración, identidad y seguridad

Marine vuelve a ser Le Pen

EFE / PAUL DURAND

Marine Le Pen, rodeada de dirigentes del FN, en Marsella, el 19 de abril.

Jueves, 20 de abril del 2017 - 20:46 CEST

En la recta final de la campaña, Marine Le Pen vuelve a los orígenes. Erosionada por los últimos sondeos, que muestran una pérdida de entre un 1% y un 2,5% en intención de voto en la primera vuelta de las elecciones francesas de este domingo, la candidata del Frente Nacional ha optado por recuperar los temas clásicos del partido ultraderechista para movilizar a su electorado tradicional y disputar la final el 7 de mayo.

“El domingo me hace falta el mejor resultado posible. Es la condición de nuestra victoria en la segunda vuelta. Ni abstención, ni dispersión”, lanzó a sus simpatizantes este miércoles al clausurar su gran mitin de Marsella.

Pese a mostrar ligeras muestras de cansancio, la candidata ultraderechista mantuvo un discurso duro centrado en inmigración, seguridad e identidad nacional. No faltaron tampoco las citas de personajes históricos -desde Clovis hasta Víctor Hugo- para activar los instintos patrióticos y erigirse en la única aspirante al Elíseo capaz de devolver a Francia la “grandeur” perdida.

MORATORIA SOBRE INMIGRACIÓN

Le Pen reiteró en su feudo del sur de Francia el anuncio que hizo este lunes en París de imponer una moratoria inmediata a la inmigración legal e ilegal si llega al poder. Una medida que no figura entre las 144 del programa presidencial, pero que aderezó convenientemente con una salva de argumentos bien aplaudidos.

Habló de “sumisión migratoria” que amenaza con “diluir la identidad nacional” y describió un cuadro apocalíptico de barrios enteros transformados en zonas extranjeras donde los valores de la civilización francesa son sistemáticamente “cuestionados”.

No pronunció la palaba islam, pero no hizo falta. El público lo entendió todo y respondió, como es habitual en los mítines de Le Pen, coreando ‘On est chez nous!’ (Estamos en nuestra casa). “Yo seré la presidenta que os protegerá para vivir en Francia como franceses”, les dijo.

Aunque las encuestas siguen situando a Emmanuel Macron y Marine Le Pen entre los favoritos para pasar a la segunda vuelta, el ascenso en las últimas semanas del conservador François Fillon y del izquierdista Jean Luc Mélenchon auguran una primera ronda muy reñida. De ahí que la líder del Frente Nacional intente arañarle votos al exprimer ministro de Nicolas Sarkozy acusándole de haber dejado entrar en Francia a más extranjeros que el socialista Lionel Jospin.

TERRORISMO

Para abordar otro clásico de la agenda ultraderechista -la seguridad- Le Pen usó la percha de la detención esta semana en Marsella de dos yihadistas franceses que pretendían cometer un atentado inminente.

Le Pen denunció, no sin razón, el “silencio” del resto de candidatos sobre sus medidas antiterroristas, pero fue demasiado lejos cuando les acusó de haber participado en gobiernos que “han contribuido a crear las condiciones de esta plaga”.

Para combatirla, según Le Pen, hay que recuperar el control de las fronteras nacionales y acabar con el espacio Schengen, pero también ir a las raíces de una ideología -la islamista- que quiere “disolver Francia desde el interior”.

Su propuesta es expulsar a los imanes radicales, a los extranjeros fichados por delitos de terrorismo, retirar la nacionalidad francesa a los binacionales y cerrar las mezquitas salafistas para “volver a poner orden en Francia”.

Le Pen no dejó de enviar señales a su electorado usando el registro más tradicional del partido, como si hubiera aparcado la estrategia de “normalización” que inició en el 2011, al asumir la presidencia de la formación fundada por su padre, Jean Marie Le Pen, en 1972.

Para quitarle al partido la imagen racista, xenófoba y antisemita vinculada al viejo patriarca, Marine Le Pen cortó amarras con su padre, un furibundo revisionista para quien las cámaras de gas son un “detalle” de la segunda guerra mundial.

REVISANDO EL PASADO

Sin embargo, el pasado 9 de abril fue la propia Marine quien revisitó el pasado al negar la responsabilidad de Francia en la deportación de judíos en 1942, y también fue Marine quien días más tarde consideró que la colonización francesa había aportado mucho a Argelia. Y en una entrevista en TF1 se remontó incluso a las medidas contra los protestantes del cardenal Richelieue, generando, de paso, una agria polémica con la Federación Protestante de Francia, que la acusó de azuzar el odio.

La desmesura llegó, no obstante, este lunes durante un mitin en París cuando dijo lo siguiente: “Conmigo no hubiéramos tenido a los terroristas del Bataclan y del estadio de Francia porque no habrían entrado en el país, simplemente”.

Estos bandazos entre la normalización y el radicalismo no dejan de sorprender. El sociólogo Sylvain Crépon, coautor de ‘Les faux semblants du Front National’ (Las falsas imágenes del Frente Nacional), sostiene en 'Le Monde' que los electores tentados de votar por Marine Le Pen esperaban ver una mayor dosis de política de gestión. No es así, más bien al contrario, “vuelve a los viejos fundamentos de Jean Marie Le Pen”. “Eso cuestiona su voluntad real de acceder al poder”, agrega el experto.