Como uno de los miles de coches atrapados en los atascos que ayer colapsaron Manhattan, Nueva York avanza tras recibir el golpe de Sandy, pero lentamente, muy lentamente.
Cuantiosos daños 8 Un barco de más de 700 toneladas varado en la orilla norte de Staten Island. REUTERS / MICHAEL BERRIGAN
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 01 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ayer abrió la bolsa. Aunque operaran escasas aerolíneas, reabrieron también los aeropuertos JFK y Newark. Más y más negocios en la parte alta de la ciudad recuperaron la normalidad. Pero una buena parte de la isla por debajo de la calle 42 y hasta la punta sur, con pequeños oasis de luz como Battery Park, sigue a oscuras, sin buenas comunicaciones teléfonicas, con prácticamente todos sus negocios cerrados, la comida de las neveras pudriéndose, el agua caliente convertida en bien escaso… Y hay problemas de apariencia ridícula pero que van añadiendo peso a la carga psicológica, como la práctica imposibilidad de conseguir un café. Mientras, en el norte, los Starbucks, la oficina de tantos y tantos neyorquinos, empiezan a reabrir...
Incluso en la anunciada reanudación limitada del metro a partir de hoy, ninguna línea se moverá en el downtown, cada vez más isla dentro de la isla. El norte y el sur son el día y la noche. Hoy, más que nunca, hay dos Nueva York.
«Las calles no pueden lidiar con el pesado tráfico que hemos visto hoy», decía ayer el alcalde, Michael Bloomberg, justo para anunciar que, hoy y mañana, quien quiera entrar a Manhattan por puentes y túneles (con la sola excepción del de George Washington) tendrá que ir en vehículos con un mínimo de tres ocupantes.
Sin NBA
El mismo día en que confirmaba la suspensión del desfile de Halloween y que se pospone el esperado partido de la NBA en que los Knicks y los Nets, mudados a Brooklyn, iban a inaugurar deportivamente el flamante Barclays Center, Bloomberg animaba a los neyorquinos. Confirmaba que se mantiene en pie el maratón del domingo, toda una máquina de hacer dinero. Les daba esperanzas, asegurando que se harán todos los esfuerzos posibles para reabrir los parques públicos este fin de semana, una noticia bienvenida para los padres, que han tenido que ingeniárselas para mantener ocupados a los niños con las escuelas cerradas hasta el lunes.
El alcalde, empresario, intentaba poner otro granito de arena en la imagen de recuperación abriendo ayer la sesión de la Bolsa. «El negocio está regresando», decía orgulloso. Pero cuesta tenerlo tan claro en la zona sur.
Más policía
Las persianas bajadas en todo tipo de locales son la tónica habitual. En cuanto cae la noche, retorna ese aire fantasmagórico que empezó a respirarse con la llegada de Sandy. Lo bueno es que prácticamente no ha habido actos de pillaje. Hasta ayer por la mañana solo se contaban 13 arrestos en los cinco barrios, posiblemente bastante por debajo de lo habitual. Se camina con tranquilidad. Se ha incrementado visiblemente la presencia policial en las zonas a oscuras, con algunos policías uniformados de un cuerpo casi militar de 40.000 agentes haciendo patrulla, ya que Bloomberg ha rechazado la ayuda de la Guardia Nacional. Y ayer mismo debutaban 200 torres de luz instaladas por las autoridades.
Los problemas provocados por Sandy para la que presume de ser la capital del mundo volvían, además, a cobrar triste forma: ayer el hospital Bellevue, ubicado justo al norte del Langone que tuvo que ser evacuado el lunes, corría la misma suerte. Con litros y litros de agua en sus bajos y un sistema de energía de emergencia demasiado anticuado, cerca de 700 pacientes de este hospital, que es el principal que presta servicio público, en Manhattan tenían que ser evacuados. El proceso, se anunciaba, podía llevar hasta dos días. El siglo XXI, en algunas cosas, sigue sin llegar.