Yemen se aseguró ayer el fin de los 33 años de poder del depuesto Alí Abdalá Saleh. En una jornada enturbiada por los secesionistas del sur y los rebeldes del norte, los yemenís votaron por entregar la batuta a Abdrabbo Mansur Hadi, número dos de Saleh, como presidente que debe guiar al país por dos años de transición hasta unas elecciones multipartidistas.
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 22 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En una cita electoral más cercana al referendo que a unas elecciones presidenciales -Hadi era el candidato único consensuado con el aval internacional a cambio de la salida de Saleh-, más de 12 millones de electores estaban llamados a votar amparados por un importante dispositivo de seguridad para paliar los efectos de las llamadas al boicot.
La importancia del día de ayer radicaba también en mantener el carácter pacífico del proceso político. Yemen es el único país de la primavera árabe que afronta la transición sin excesiva violencia tras una revuelta de 10 meses, en contraste con las sangrías de Libia y Siria. Pese a todas las precauciones, el movimiento separatista del sur, que llamaba a la «desobediencia civil», logró alterar la jornada electoral con ataques a las fuerzas de seguridad y a las oficinas electorales que se saldaron con nueve muertos, la mayoría en la principal ciudad del sur, Adén. Entre los fallecidos se encuentran tres civiles, entre ellos un niño de 10 años, y varios agentes de las fuerzas de seguridad.
El futuro presidente es originario del sur y días antes de las elecciones ya había tendido la mano al movimiento separatista para intentar suavizar el conflicto. El movimiento sudista reivindica la independencia perdida en 1990 cuando Saleh anexionó su territorio al norte.