El centroderechista Traian Basescu seguirá siendo el presidente de Rumanía, por mucho que le pese al primer ministro, Victor Ponta, y a su partido, la Unión Social Liberal, la coalición con representación más numerosa en el Parlamento de Bucarest. La tasa de participación en el referendo para decidir el 'impeachement' de Basescu fue del 45,9%, algo más de cuatro puntos por debajo del 50% necesario para que la consulta fuera declarada válida.
Basescu no debe someterse al referendo de destitución REUTERS | ATLAS
Traian Basescu sostiene una antorcha mientras se dirige a sus simpatizantes, tras finalizar el referendo, el domingo en Bucarest. Octav Ganea | AP
Entrada ya la noche, un Basescu eufórico dio por ganado el envite que le había planteado el Ejecutivo de su archienemigo Pontra y declaró, en tono triunfante, que los rumanos habían rechazado "un golpe de Estado".
Tras este resultado es de esperar que los enfrentamientos entre la presidencia y el Ejecutivo continúen y que persista la crisis política en que se halla inmerso el país, habida cuenta de su demostrada incapacidad para cohabitar respetando sus atribuciones respectivas. Como prueba adicional de su intención de no enterrar el hacha de guerra, el primer ministro rumano dijo que ningún hombre político en el país balcánico podría ignorar "la voluntad" de millones de electores, al tiempo que, una vez más, dudaba de la "legitimidad" de Basescu como presidente.
Bajo la atenta mirada de la Unión Europea (UE), alrededor de 18 millones de rumanos de dentro y fuera del país han votado en referendo sobre la continuidad o la destitución de su presidente. La controvertida consulta se ha llevado a cabo a instancias de la coalición de Gobierno, integrada por socialdemócratas y liberales, que acusan al jefe del Estado de supuestas violaciones graves de la Constitución.
Tanto las autoridades europeas como las de EEUU miran con extrema reticencia y preocupación esta iniciativa del Gobierno rumano al considerar que emprender de la forma que lo han hecho un procedimiento de revocación del presidente constituye una amenaza al Estado de derecho. El gran reto de los promotores ha sido fomentar la participación de un electorado inmerso en la época estival y desencantado de una clase política corrupta e ineficaz.
La participación ha resultado fundamental porque para poder abrir la puerta a la destitución del presidente, hasta ahora suspendido, se necesita un quórum en las urnas de la mitad de los ciudadanos con derecho a voto más uno. Con el objetivo de facilitar el voto, los promotores de la consulta alargaron cuatro horas el horario de votación y colocaron urnas en los hoteles y resturantes del litoral del Mar Negro.
La pugna preelectoral ha sido muy agresiva. Mientras los conservadores de la formación de Basescu llamaban al boicot de la consulta, el Gobierno suprimía por decreto el requisito de la mitad más uno de los electores para validar la consulta. Un intento del Ejecutivo que quedó en papel mojado porque fue revocado por el Tribunal Constitucional. El propio presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, exigió al primer ministro, el socialdemócrata Víctor Ponta, respetar la decisión del alto tribunal.
El presidente cuestionado, de 60 años, ha sido el primero en denunciar durante toda la campaña que la coalición de Gobierno preparaba un "fraude masivo" en la consulta por lo que instaba a los ciudadanos a boicotear la consulta.
A estas graves acusaciones le respondió el presidente interino y colíder liberal de la coalición de Gobierno, Crin Antonescu, que adujo la "normalidad democrática" en la que se ha desarrollado la campaña. Antonescu mostró su "convencimiento" de que el referendo demostrará que "Rumanía es un país plenamente democrático".
Basescu llegó al poder en el 2004 con un discurso contra la corrupción, la reforma de la clase política y la modernización del Estado y del país. Excapitán de la marina mercante, el expresidente ahora suspendido ya superó en el 2007 un proceso de destitución y fue reelegido por un margen muy escaso en el 2009.
Su popularidad se vio fuertemente vapuleada en el 2010 cuando aplicó la batería de medidas de austeridad más severa de toda la Unión Europea.
Los detractores del presidente Basescu le recriminan su autoritarismo y su traición a sus principios de lucha contra la corrupción ya que, aseguran, la ampara a su alrededor.