si alguna vez tuvo Al Qaeda una jerarquía monolítica y una red de afiliados disciplinada, no fue en los cinco últimos años de la vida de Bin Laden. La publicación de los primeros documentos incautados en su residencia de Abbottabad (Pakistán), datados entre el 2005 y el 2011, reflejan importantes disensiones en el seno de Al Qaeda, tanto respecto a la estrategia de la organización como a las tácticas empleadas por sus subalternos en el mundo islámico. Esas cartas muestran a un Bin Laden frustrado por la indisciplina de sus filiales o contrariado por el impacto en la opinión pública musulmana de los actos terroristas contra la población local.
Información publicada en la página 17 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En una carta del 2010, Bin Laden se quejaba de los «crecientes errores» cometidos por «los hermanos» en países como Yemen o Irak. De acuerdo con las 17 cartas (175 páginas) publicadas ayer por el Centro para el Combate del Terrorismo de la Academia Militar de West Point, algunos lugartenientes del saudí abogaban por cortar los lazos con los grupos pro-Al Qaeda, mientras otros apostaban por una mayor integración. Bin Laden se inclinó aparentemente por una postura intermedia: mantener el contacto y el asesoramiento, pero sin llegar a incorporarlos plenamente en Al Qaeda.
A Bin Laden le preocupaba el desgaste de su marca tras una década de estragos en el mundo islámico. Quería que cesaran los ataques contra la población civil musulmana, para centrar los esfuerzos de la organización en la ofensiva contra Estados Unidos. «Necesitamos extender nuestras operaciones en América y no limitarnos a volar aviones», dijo en una misiva.
PRIMAVERA ÁRABE / También pretendía que Al Qaeda se hiciera un hueco en la primavera árabe, donde fue totalmente irrelevante a pesar de que el desenlace en Egipto o Libia ha acercado al poder a facciones ultraconservadoras de distinto pelaje.
Según los analistas de West Point, Bin Laden intentó fomentar las rebeliones en el mundo árabe, aunque exhortando a sus seguidores a distanciarse «de soluciones a medias» como la democracia liberal. Estas primeras cartas cuestionan además la cercanía entre el saudí y su número dos, Aymán al Zauahiri, quien solo aparece mencionado ocasionalmente en las misivas.