Utilizan los cohetes como palos para de portería de fútbol, los tanques abandonados son sus islas del tesoro. En su mundo, la guerra es un juego: los niños sirios son rehenes de un conflicto que les fuerza a banalizar la muerte y la violencia.
La huida 8 Un niño, en la parte de atrás de un camión, huye con su familia de Alepo, ayer. AFP / PHIL MOORE
Información publicada en la página 11 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 16 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En la ciudad vieja de Homs, asediada por el Ejército, los niños juegan a la guerra entre los rebeldes del Ejército Libre de Siria (ELS) y los soldados del régimen utilizando gombos como munición y berenjenas como granadas.
Um Mohamed, una mujer contactada por France Press vía Skype, afirma que sus nietos -el mayor de ellos solo tiene 9 años- ya no tienen miedo del ruido de las bombas ni de las balas y manipulan los fragmentos de obús como simples juguetes. «Pero a veces se despiertan por la noche llorando. Ningún niño debería ver lo que ellos ven y ya han visto demasiado», se lamenta.
Adolescentes armados
Para los adolescentes es quizá peor. En Alepo, sumergida en la guerra desde el 20 de julio, un periodista de France Press ha visto a varios de ellos armados con kalashnikovs y participando en los combates.
Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, más de 1.300 niños han muerto en los 17 meses de violencia, sin hablar de los que han sido detenidos. Desde el inicio de la insurrección en marzo del 2011, 698 niños han pasado por las cárceles del régimen. El martes, el Consejo Nacional Sirio (la principal coalición opositora) dijo que un niño de 14 años había sido torturado hasta la muerte en una cárcel de la ciudad de Lataquia.
Los niños que han sufrido la violencia directa o indirectamente desarrollan un alto nivel de resiliencia que sirve de escudo psicológico contra el horror pero que, a la vez, les lleva a aceptar como normal lo que no lo es. «Mi sobrino tiene 7 años pero se comporta como un adulto», afirma, también a través de Skype, Omar un activista de Hama. Buscado por las autoridades, Omar envía a menudo a su sobrino a inspeccionar la calle para comprobar si hay miembros de las fuerzas de seguridad cerca. «Como tío, me entristece ver que ha perdido su juventud», subraya.
La psicóloga Lina Issa, con base en el Líbano, trabaja con los refugiados sirios en un país también marcado por décadas de guerra civil. «La muerte se ha convertido en algo normal para muchos niños. Aunque las dos partes presentan a los niños como héroes, no es así como deberían crecer», constata. «Los verdaderos síntomas tardarán tiempo en surgir. Cuando se recupere la estabilidad se verán los daños psicológicos reales de este conflicto», añade la psicóloga.
Una encuesta reciente de Unicef entre las familias sirias refugiadas en el Líbano señala que el 54% de los niños esperan un acontecimiento negativo en el futuro, incluso estando fuera de Siria.