El Periódico

TENSIÓN EN EL PAÍS LATINOAMERICANO

Los escándalos de corrupción fracturan Brasil

Las acusaciones contra el expresidente Lula da Silva han tensado todavía más las relaciones entre el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff y la oposición

Los brasileños de clase media y alta forman el grueso de quienes respaldan en la calle el acoso al Ejecutivo

Los escándalos de corrupción fracturan Brasil

AFP / CHRISTOPHE SIMON / AFP

Fieles al Partido de los Trabajadores muestran su apoyo al expresidente brasileño Lula da Silva en Río de Janeiro.

Eduardo Sotos Eduardo Sotos RÍO DE JANEIRO

@Edu_Sotos

Sábado, 12 de marzo del 2016 - 19:22 CET

Es viernes por la noche en Río de Janeiro y los bares del popular barrio de Botafogo están a reventar. Entre cervezas y cachaças un grupo de amigos en la treintena comienza una discusión que llama la atención de las demás mesas. Para sorpresa de los presentes, no se trata de una polémica en torno al equipo del mítico futbolista Mané Garrincha, sino de una acalorada discusión política

Lula es un ladrón y Rousseff su marioneta”, dice uno ante la cara de aprobación de los presentes. Inmediatamente, alguien le replica desde la mesa de al lado y el ambiente comienza a caldearse. Finalmente, al percibir la tensión entre sus colegas el joven que inició la discusión interrumpe: “¿A qué hora era el partido?”. El cambio de tema hace efecto y los ánimos se calman.

Es un ejemplo más de un Brasil que a 145 días del inicio de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se encuentra completamente polarizado. Un anfitrión incapaz de mantener un mínimo de cohesión entre sus 204 millones de habitantes. Este domingo, decenas de miles de personas se darán cita en la mundialmente famosa playa de Copacabana, cartón postal de Río de Janeiro, para exigir la renuncia de la presidenta Dilma Rousseff.

La extrema tensión política se ha trasladado a la calle

La de Río será solamente una de las cientos de manifestaciones contra el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) que se producirán por todo Brasil impulsadas por el Movimiento Brasil Libre (MBL) y el Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB). Miles de brasileños enfundados en camisetas verdes y amarillas y, en su inmensa mayoría, de clase media y alta. La antítesis de los otros tantos miles de brasileños de clase mayoritariamente trabajadora y camisetas rojas que se darán cita el próximo 18 de marzo para apoyar al Gobierno y condenar el "golpe".

SITUACIÓN LÍMITE

“Les pido, como presidenta de la República, que mantengan una de las victorias de la democracia brasileña como es el derecho a la libre manifestación”, declaró el pasado viernes Rousseff, a la vez que anunció que no pensaba en renunciar a su cargo. “La renuncia es un acto voluntario. Aquellos que quieren mi renuncia están reconociendo que no existe una base real para pedir mi salida del cargo. Por tanto, no renunciaré si no existe un motivo para ello”, sentenció la líder del PT quien instó a la oposición del país a “proceder de acuerdo a lo que establece la Constitución”.

Lo cierto es que a lo largo de esta semana la situación del gobierno de Rousseff llegó al límite. El pasado jueves la Fiscalía de Sao Paulo exigió la prisión preventiva del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, su mentor político en el PT, quien está acusado de haberse beneficiado de un lujoso tríplex en la localidad costera de Guarujá que fue supuestamente utilizado como forma de soborno por la constructora OAS, una de las que actuaron en la red de corrupción en torno a la petrolera semiestatal Petrobras.

A pesar de que la petición del fiscal Cássio Conserino fue criticada incluso por los sectores de la oposición, que la calificaron como “carente de fundamento” hicieron una llamada a la “prudencia”, la nueva acusación contra Lula ha encendido los ánimos de cara a la manifestación de este domingo. De hecho, la sede del Instituto Lula, fundación que gestiona las comunicaciones del expresidente, se vio forzada el pasado viernes a reforzar sus medidas de seguridad por las amenazas de atentado que fueron denunciadas ante la Policía Civil.

No es algo nuevo, desde el pasado fin de semana en la fachada principal del Instituto Lula puede leerse: “Lula ladrón. Basta de corrupción, tu hora llegó corrupto”. Una muestra más de como las investigaciones sobre la petrolera de la 'Operación Lava Jato' han destruido el mito que recaía sobre un presidente que lideró un proyecto progresista que sacó a 36 millones de brasileños de la miseria.

Por todo de ello, son innumerables los líderes mundiales que han expresado su apoyo incondicional al carismático Lula: el expresidente español Felipe Gonzalez, Cristina Fernández Kirchner, José Mújica y Nicolás Maduro entre otros. "Lula sería como un Mandela en América Latina", llegó a declarar el presidente de Venezuela sobre la posible prisión del brasileño.

RODAR CABEZAS

El implacable juez de la Tribunal Federal de Justicia de Paraná, Sergio Moro, dirige como si fuera Robespierre unas investigaciones que podrían hacer rodar más cabezas que la Revolución Francesa. Basta con echar un vistazo a la lista de políticos citados en las investigaciones de la Policía Federal para darse cuenta de la magnitud del problema.

El líder de la oposición y candidato a la presidencia en caso de unas elecciones anticipadas por el PSDB, Aécio Neves, fue acusado por el cambista Alberto Yousseff, considerado el cerebro de la corrupción en Petrobras, de recibir en 2013 un soborno de 300.000 reales (unos 75.102 euros) por parte de la empresa UTC Ingeniería, una de las 11 que componían el cártel de empresas que obtenía contratos "a dedo" con Petrobras.

Por su parte, el presidente de la Cámara de los Diputados de Brasil, Eduardo Cunha, se encuentra imputado por el Tribunal Supremo Federal (TSF) acusado de de recibir “al menos” cinco millones de dólares por facilitar diferentes contratos con Petrobras para la compra de dos barcos sonda que debían operar en el Golfo de México y África.

Sin embargo, esto no le ha impedido dirigir el juicio político o "impeachment" contra Rousseff amparándose la sentencia del pasado mes de octubre del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) que estimó que la presidenta incurrió en una violación de la Ley de Responsabilidad Fiscal del país al utilizar “subterfugios contables” que le permitieron ocultar el déficit real de su gobierno en 2014, año de las elecciones presidenciales.

"El proceso vuelve a ponerse en marcha", advirtió un satisfecho Cunha que, como muchos otros, ve en la salida de Rousseff la solución a sus problemas con la Justicia. La presidenta no renunciará este fin de semana pero completar su mandato hasta 2018 parece, a día de hoy, un reto imposible.

¿Lula ministro?

Mientras la juez del Tribunal de Justicia de Sao Paulo, Maria Priscilla Veiga, decide si acepta o no la denuncia contra el expresidente Lula, los rumores sobre su entrada en el Gobierno de Dilma Rousseff no han parado de repetirse. Según los medios brasileños, el nombramiento del expresidente como nuevo ministro de la Presidencia, el cargo más relevante entre los 23 ministros del Ejecutivo, sería la opción barajada por el Partido de los Trabajadores (PT) para evitar la prisión de su líder histórico. Sin embargo, Lula no parece estar dispuesto a esconderse y se muestra convencido de que su prisión acabaría beneficiándole: "Si me encarcelan me volveré un héroe, si me dejan suelto seré presidente".

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