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Los abusos de Turquía sobre los que la UE prefiere mirar hacia otro lado

Bruselas hace la vista gorda con cuestiones fundamentales en pos de un acuerdo migratorio con Ankara

Los abusos de Turquía sobre los que la UE prefiere mirar hacia otro lado

REUTERS

Erdogan en un mitin en Ankara.

Martes, 8 de marzo del 2016 - 14:11 CET

Superados los estadios de país candidato a la adhesión a la Unión Europea (UE) o de socio estratégico, la relación entre Bruselas y Ankara es ahora más un affaire de conveniencia que cualquier otro calificativo. Se trata del momento en el que Europa más necesita al país eurasiático de los últimos años, pero por motivos muy distintos a los que propiciaron el acercamiento a principios de siglo. La elección de los tiempos no está exenta de ironía: Turquía vive ahora uno de sus periodos más sombríos en cuanto a calidad democrática y respeto de los derechos humanos. La UE, lejos de apretarle las tuercas, ha preferido priorizar la respuesta a la crisis migratoria y mirar hacia otro lado ante unos abusos cada vez más evidentes.


LIBERTAD DE PRENSA

Por orden judicial, el Gobierno turco ha desmantelado este fin de semana el diario más leído del país, 'Zaman', crítico con el Gobierno. Es un ataque más a la libertad de prensa en un país que se está acostumbrando tristemente a éstos. “La decisión del tribunal de Estambul de designar a un grupo de administradores para que gestionen el diario Zaman y otros medios no es más que una forma velada usada por el presidente de erradicar la prensa opositora y el escrutinio a las políticas gubernamentales”, asegura la investigadora jefe de Human Rights Watch (HRW) en Turquía, Emma Sinclair-Webb. “Esta sentencia deplorable, que viene precedida del bloqueo de dos televisiones críticas, es el último ataque a la libertad de expresión en Turquía”, apunta Sinclair-Webb.

La agencia de noticias Cihan ha corrido una suerte similar a la de Zaman, y el mismo grupo de administrador del diario se encargará de gestionar la agencia. Ambos son sospechosos de pertenecer a la red de colaboradores de Fetulá Gulen, antiguo aliado del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y convertido desde finales de 2013 en archienemigo.

La clasificación mundial de libertad de prensa elaborada por Reporteros Sin Fronteras y relativa a 2015 sitúa a Turquía en el puesto 149 de los 180 países analizados.

CONFLICTO ARMADO EN EL SURESTE DEL PAÍS

La censura en la prensa y la autocensura a la que se someten los propios medios debido al clima de miedo y presión en el que se vive lleva a una evidente desinformación. Resulta complicado recabar información de medios independientes relativa a la situación en el sureste de Turquía, donde el Ejército libra una guerra no declarada con el grupo armado kurdo del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

En un comunicado de prensa emitido el pasado viernes, el grupo parlamentario europeo de Los Verdes indicó que “mientras que es necesaria la cooperación con Turquía, los líderes de la UE no pueden hacer la vista gorda con las violaciones de los derechos humanos y la guerra civil que tiene lugar en la propia Turquía”. Según el grupo, que visitó recientemente la zona, “más de un centenar de civiles han muerto en enfrentamientos entre el PKK y las fuerzas de seguridad turcas. Miles de personas están huyendo de las ciudades en el sureste” debido a este conflicto. Las estimaciones de la prensa local hablan de cientos de miles de personas.

CRECIENTE AUTORITARISMO

El acceso a la presidencia del país, en agosto de 2014, del hasta entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan ha subrayado la deriva autoritaria en Turquía. Las purgas en los aparatos de seguridad y en las instituciones judiciales han politizado (a favor del partido gobernante) estructuras de poder que en teoría deberían ser apolíticas.

Para Laura Batalla, experta en relaciones entre la UE y Turquía, la apertura de los capítulos 23 y 24 (cuya apertura actualmente bloquea Chipre) del proceso de adhesión al ente comunitario servirían para presionar al país eurasiático en materia democrática. Estos capítulos tratan sobre reformas democráticas, libertades y derechos humanos, y separación de poderes, respectivamente.

“Esa es la única manera que la UE tiene de influir en la agenda doméstica de Turquía. Porque ahora no hay ninguna forma de tener impacto sobre la política turca. Podemos hacer declaraciones de preocupación, de condena... como se está haciendo. Pero lo que está pasando en Turquía va más allá”, afirma Batalla a este diario. La apertura de esos capítulos “le pondría presión” a Ankara.

DERECHOS HUMANOS

Sin embargo, la situación de los derechos humanos no es solo deficiente en Turquía para los propios ciudadanos del país. En opinión de HRW, también se vulneran los derechos de los refugiados allí residentes. “Decir que Turquía es un país seguro para el asilo es interés puro y duro. No lo es, y este acuerdo (entre Bruselas y Ankara) podría causar más mal que bien”, asevera Judith Sunderland, desde HRW. Esta oenegé denuncia que “Turquía no cumple las dos condiciones básicas para ser un país de asilo seguro: no provee protección efectiva a los refugiados y ha devuelto de manera reiterada a solicitantes de asilo a Siria”.

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