Sólo Boris Johnson se salvó ayer de la quema. El político más popular y conocido de los conservadores logró, tras un largo recuento, mantenerse otros cuatro años como alcalde de Londres. Johnson se imponía al veterano Ken Livingstone por un estrecho margen de 62.538 votos, según los resultados conocidos esta madrugada. Una victoria que se debe en buena medida a su personalidad. A pesar de ser visceralmente de derechas, Boris rompe en su forma de ser, de vestir y de hablar, con los cánones remilgados y comedidos de sus colegas de partido. Eso conecta con la gente, incluso con algunos de los que no aprecian su política.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Como alcalde su gestión ha sido más que discreta, pero en la campaña electoral ha capitalizado la celebridad adquirida en varios programas humorísticos de televisión. También ha tenido la habilidad de distanciarse de la política del Gobierno, que ha criticado abiertamente en varias ocasiones.
Su tirón, sin embargo, no impidió que los laboristas se hicieran con la mayoría en la Asamblea de Londres, el órgano que controla la gestión del alcalde. La victoria de Johnson en unas elecciones municipales desastrosas para los conservadores es un flaco alivio para el primer ministro. El brillo del alcalde oscurece el liderazgo de David Cameron y potencia la divulgada creencia de que intenta dar, en el momento propicio, el salto a Downing Street. Van a ser numerosas las voces dentro de los tories que pidan un estilo más combativo y directo como del de Johnson, con una vuelta a los valores tradicionales del partido.
Advertencia
La diputada laborista Diane Abbott advertió ayer que era una lástima ver a Johnson como alcalde, entre otras cosas, «porque va a pasar los próximos cinco años tratando de empujar a Cameron» del puesto de primer ministro. «La gente ha olvidado lo mucho que hizo Ken Livingstone», añadió. Quizás sea cierto. Pero otros laboristas lamentaban anoche no haber elegido un candidato que tuviera más futuro que pasado.