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CRISIS HUMANITARIA EN EUROPA

Lesbos, la nueva cárcel para los refugiados

Los centros de acogida pasan a convertirse en centros de detención para los que llegan

La ONU y las oenegés se niegan a coooperar con las autoridades en los traslados

Lesbos, la nueva cárcel para los refugiados

AP/ Petros Giannakouris

Desembarco de inmigrantes y refugiados en Lesbos, tras ser rescatados por los guardacostas griegos.

Javier Triana Javier Triana LESBOS (ENVIADO ESPECIAL)

Miércoles, 23 de marzo del 2016 - 22:56 CET

Las lluvias del invierno parecen haber hecho crecer las alambradas de Moria, en la isla griega de Lesbos. En otoño estaban agujereadas, oxidadas, inclinadas y por ellas podía entrar y salir quien así lo deseara. Dentro, los refugiados tenían que acudir a ese centro de registro si querían continuar su viaje rumbo al norte del continente. Alrededor, todo eran tiendas de campaña, repartos de comida, hogueras para aplacar el frío o partidas de cartas con compañeros de viaje. La situación humanitaria era precaria, pero al menos había una mínima libertad de movimiento.

Pero eso era antes, hace unos meses. Y aunque el lugar geográfico es el mismo, el paisaje es totalmente distinto. Ahora, las nuevas vallas, impecables, superan los tres metros de altura y están rematadas con alambre de espino. El lugar está vacío y para fotografiarlo hace falta permiso de la policía, que es la que gestiona el centro. Pero ya no como centro de registro, sino lo que de facto es un centro de detención. Porque dentro, los refugiados que han llegado desde que el pasado 20 de marzo entrara en vigor el acuerdo migratorio entre Bruselas y Ankara aguardan su suerte: las oenegés consultadas señalan que son carne de devolución a Turquía.

Durmiendo a la intemperie

Las condiciones en el interior del recinto no dan margen para mucha celebración. Constance Thiesen, del operativo de Médicos sin Fronteras (MSF) en Lesbos, visitó Moria este miércoles por la mañana. “El centro de detención no está lleno. Tiene capacidad para más gente y solo hay unos pocos. Y aun así, conocemos casos de personas que anoche durmieron a la intemperie”, asegura a este diario. Es solo un ejemplo de varios.

A varias oenegés pequeñas, las autoridades las han largado de Moria.Otras, como  MSF ha optado por irse por su propio pie, porque no quieren ser cómplices de un tratado que consideran, en palabras de Thiesen, “extremadamente cuestionable, por decirlo de manera suave”. Las autoridades tendrán ahora que hacerse cargo del traslado de los refugiados (o “migrantes ilegales”, según la terminología del acuerdo) de las costas lesbias hacia Moria, así como del mantenimiento de las instalaciones sanitarias. “El contexto del lugar ha cambiado”, justifica la cooperante, quien tacha el tratado UE-Turquía de “respuesta miope” que no tiene en cuenta las causas del problema.

A la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, con quien el tratado contaba desde un principio para proveer ciertos servicios, le ha costado reaccionar, pero también se ha plantado. “Bajo las nuevas directrices, estas instalaciones son ahora centros de detención”, afirma Acnur en un comunicado. “Acnur está preocupada por que el acuerdo entre Turquía y la UE se esté poniendo en marcha sin que las haya en Grecia las garantías necesarias” y la organización “no estará involucrada en devoluciones o detenciones”, agrega el texto.

Fuera del centro no hay rastro de los miles de personas que una vez poblaban el olivar cercano. Hay un campamento relativamente nuevo gestionado por la oenegé Better Days for Moria. Los trabajadores son todos voluntarios y tienen el lugar diseñado de manera envidiable. Solo hay un problema: apenas quedan refugiados en la isla.

Quienes llegaron antes del 20 de marzo (y que, por tanto, tienen opción de recibir asilo político en la UE) fueron conducidos a barcos que los transportaron a la Grecia continental, a nuevos centros donde se procesarán sus solicitudes. Quienes quedan, van entrando poco a poco al centro de detención. Y a los coordinadores del campamento aledaño a Moria no les hace gracia ser la guardería de la UE en Lesbos. “Nosotros no queremos tener nada que ver con un centro de detención”, sentencia Raúl Torras, uno de los coordinadores del campamento.

En una situación que se ha ido deteriorando de manera incesante con el paso del tiempo, ninguna señal hace pensar en un cambio de rumbo.

La tensión va en aumento en Idomeni ante la incertidumbre

La tensión entre los 10.500 refugiados atrapados en la frontera entre Grecia y Macedonia va en aumento. Alrededor de 500 refugiados instalados en el centro de acogida de Nea Kavala, a unos 20 kilómetros de la frontera, bloquearon este jueves la carretera que une Salónica con la frontera macedonia, según informó a Efe una fuente de la Policía. En el campamento de Idomeni, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha vuelto a operar después de que en la jornada del martes este organismo como otras oenegés se vieran obligadas a interrumpir provisionalmente su actividad "porque la situación era extremadamente difícil".

Dos jóvenes sirios permanecen hospitalizados tras prenderse fuego en Idomeni durante una protesta , aunque otros refugiados consiguieron apagar las llamas. Según relató a Efe un miembro de una oenegé que suspendió también su actividad, el martes un grupo de refugiados intentó obligar al resto de sus compañeros "a ponerse en huelga de hambre, y amenazaron a los voluntarios de las organizaciones que repartían comida".

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