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La sede de Naciones Unidas es a menudo escenario del teatro de la diplomacia, y ayer, jueves, cuando la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se convirtió en la primera jefa de Estado que se dirigía a la Comisión de Descolonización, fue uno de esos días. En la reunión de un grupo cuyas decisiones no son vinculantes, fueron protagonistas las islas Malvinas. Y mientras Kirchner ofrecía un discurso salpicado de vehemencia en el que acabó pidiendo a los británicos "apenas, nada más y nada menos, que se sienten en una mesa a dialogar", habitantes de las Malvinas (o Falkland) hicieron también su escena persiguiendo a la mandataria por los pasillos para intentar sin éxito hacerle llegar sus mensajes.
La presidenta argentina Cristina Fernández Kirchner, durante su intervención en la ONU. Mary Altaffer | AP
Treinta años después del fin de la guerra en las islas, Kirchner recordó con detalle las conversaciones que Reino Unido y Argentina mantuvieron sobre el territorio en 1974, durante la tercera presidencia de Perón. Mostró su deseo de "reanudar esas conversaciones". Recordó que fue la dictadura argentina la que emprendió la guerra de hace tres décadas (que dejó 649 muertos argentinos y 255 británicos y tras la que se suicidaron 449 argentinos y 264 birtánicos). Y usó su tono más impetuoso para denunciar la decisión que ayer tomó el primer ministro británico, David Cameron, de hacer ondear la bandera de las Falkland en el 10 de Downing Street.
"Sentí vergüenza ajena porque las guerras no se festejan ni se conmemoran", dijo la presidenta, que comparó el agravio con que el Reino Unido hiciera lo mismo con la bandera alemana en el aniversario de la rendición germana en la segunda guerra mundial o con que en la Casa Blanca ondeara la de Japón en el aniversario de la rendición de los japoneses.
Kirchner prometió "no adjetivar", pero lanzó duras críticas a Londres. Denunció indirectamente, por ejemplo, la posición de poder del Reino Unido al ser uno de los cinco miembros con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, y le acusó de no respetar las resoluciones del organismo. Y criticó tanto su política exterior como el respaldo al referendum organizado para el año próximo en las Malvinas con un dardo: "¿Por qué no van a hacer un referéndum a Afganistán o a Irak, a ver que se piensa de lo que están haciendo?"
Antes en la sesión habían hablado también, entre otros, representantes de las Malvinas, como el legislador isleño Roger Edwards, que denunció la "hipocresía" del Gobierno argentino, al que acusó de "haber estado librando una guerra económica contra la gente de las islas Falklands".
Tras el discurso de Kirchner, que llegó a Nueva York acompañada por una delegación de más de 70 personas que incluía a representantes de la oposición y que aseguró que "las Malvinas no son solo una causa nacional sino una regional porque estamos defendiendo los recursos de América del Sur", la reunión acabó con la aprobación de una resolución que llama a renovar el diálogo para encontrar "una solución pacífica, justa y duradera".