"No sabemos aún lo que pasó", seguían repitiendo en las primeras horas de este jueves las autoridades argentinas para referirse al accidente ferroviario que el día anterior le costó la vida en Buenos Aires a 50 pasajeros, entre ellos un niño de siete años. El siniestro dejó también 676 heridos, algunos de extrema gravedad, y una corriente de perplejidad e indignación colectiva. La presidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, ha expresado sus condolencias a los familiares de las víctimas, ha decretado dos días de duelo nacional y ha suspendido las fiestas de carnaval.
Familiares de las víctimas del accidente de tren de Buenos Aires revisan las listas de heridas, el miércoles en la estación ferroviaria. MARTÍN QUINTANA | EFE
Marcos Antonio Córdoba, el maquinista de la fatídica formación 3772 de la línea Sarmiento, ha salvado su vida y se encuentra internado en una sala de cuidados intensivos. Muchos esperan que pueda decir lo que sucedió, si han sido los frenos u otro el problema que causó la tragedia. Las autoridades siguen investigando. "No llevará mucho tiempo saber qué pasó porque hay mucho material y todo ha sido puesto a disposición de la justicia", ha explicado el ministro de Transporte, Juan Pablo Schiavi. En un primer momento, se rumoreó que la causa podría ser el exceso de velocidad, aunque Schiavi ha informado que el tren circulaba a 26 kilómetros por hora, "la velocidad habitual", por lo que ha indicado que la causa sigue siendo una "incógnita".
Interrogado sobre la responsabilidad del conductor, el ministro ha explicado que en el momento del accidente estaba "descansando", de acuerdo a la normativa, por lo que ha descartado que este haya cometido una negligencia. El ministro ha destacado que el conductor del tren, de 28 años, tiene una hoja de servicio "buenísima".
Mientras tanto, la estación terminal de Plaza Miserere, en el barrio del Once, mostraba este jueves un aspecto sombrío. La línea Sarmiento funcionaba con demoras. Las plataformas 1, 2 y 3 estaban restringidas por orden judicial. Allí suelen desembocar los pasajeros que vienen de la periferia oeste. La línea Sarmiento es, de hecho, el tren de los pobres. Se viaja muy mal, en formaciones obsoletas y sobre vías que tienen medio siglo de existencia.
La línea Sarmiento ha sido entregada en concesión al grupo TBA, de la familia Cirigliano, que ha utilizado las importantes subvenciones entregadas por el Estado para mantener el precio del billete (ida y vuelta) en unos 20 centavos de euro, en inversiones en Brasil y otros negocios ajenos al ferrocarril. La Confederación General del Trabajo (CGT) reclamó con vehemencia al Gobierno que dé por terminado el contrato. El titular de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy, dijo que hay razones de peso para quitarle la concesión a TBA. Ricardo Cirigliano tiene una causa judicial pendiente. Fue procesado, junto con el exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime, por el delito de dádivas. El empresario le pagó varios viajes de placer al funcionario que decidía la cantidad que se pagaba por los subsidios.
Para los medios de prensa el accidente del miércoles es una tragedia anunciada. "El Gobierno decidió montar este sistema ferroviario que se basa en dos pilares: tarifas de regalo y subsidios millonarios para compensar las pérdidas. ¿Y la inversión? De eso casi no se habla", escribe el diario La Nación. "Las empresas son gerenciadoras de un esquema sostenido por fondos públicos que se liquidan en oficinas oscuras y con muchísima discrecionalidad. Ni siquiera los aumentos de sueldos de los ferroviarios son negociados por sus empleadores. Todo se acuerda con la Secretaría de Transporte, que inmediatamente después de negociar subidas salariales aumenta los subsidios para compensar los mayores costes. Las empresas corren los trenes como pueden y rezan para que los alambres con lo que se arreglan las formaciones no se corten", añade el rotativo.
El ingeniero Norberto Rosendo, presidente de la oenegé Salvemos al Tren sostiene que los controles que se realizan desde la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), y en los que se relatan las deficiencias de la red, nunca tienen consecuencias. El arquitecto Carlos Badell, especialista en transporte urbano e integrante de la Fundación Instituto Argentino de Ferrocarriles, ha afirmado, en declaraciones al diario Página 12, que el ferrocarril dejó de ser un transporte fiable por "la falta de mantenimiento y la eliminación de normas de seguridad" desde la privatización de los años noventa.
El barrio del Once tiene, desde hace años, la mácula del desastre incrustada. En 1994, a 15 manzanas de la estación central, explotó la bomba que hizo polvo a la mutual de la comunidad judía de la ciudad de Buenos Aires. Todavía no se sabe quiénes colocaron el artefacto. Diez años más tarde, a cinco manzanas de la terminal de trenes, y durante un concierto de rock, murieron 194 jóvenes en la discoteca Cromagnon. Por esta causa, cayó el jefe de Gobierno de la ciudad, Anibal Ibarra.