La izquierda griega se alzará en las elecciones del próximo domingo con el mejor resultado de su historia. Si fuera un solo partido podría lograr incluso el Gobierno. Pero no lo es y, de hecho, cualquier intento de coalición parece imposible.
En la calle. Un activista de la coalición Syriza durante las movilizaciones del Primero de Mayo en Atenas, a cinco días de las elecciones. AFP / LOUISA GOULIAMAKI
Información publicada en la página 20 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 03 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las tres principales formaciones a la izquierda del gobernante PASOK -socialista en su origen pero que se define ahora como un partido «de centro»- recibirán el apoyo de en torno al 30% de los electores. La Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), cuyo socio español es Izquierda Unida y a la que los sondeos conceden entre el 9% y el 13% de los votos (en el 2009 recibió el 5%), se ha empeñado sin éxito alguno en unir a todos los partidos progresistas.
Su líder, el joven Alexis Tsipras, ha manifestado que si no logran «derrotar totalmente» al memorando de medidas de austeridad impuesto por la Unión Europea (UE) «será como si estas elecciones nunca hubiesen ocurrido», puesto que se prevé una nueva coalición de Gobierno entre el PASOK y la conservadora Nueva Democracia (ND) y la reanudación de la política de recortes.
El principal opositor a una alianza izquierdista es el Partido Comunista de Grecia (KKE), con gran influencia sindical -especialmente en los puertos- y aún prosoviético y ortodoxo. Sus manifestaciones son, además de numerosas, tremendamente disciplinadas y muchas veces rechaza participar en las grandes concentraciones para no verse mezclado con los disturbios.
Las encuestas consideran que también aumentará su apoyo desde el 7,5% del 2009 hasta del 8% al 11%. Su veterana líder, Aleka Papariga, ya ha dicho que no le interesa gobernar sino tener a un Ejecutivo «débil y acobardado» que pueda ser derribado por una «revolución de los trabajadores». Desde luego, es el partido más directo en sus propuestas: salida de la UE y de la Alianza Atlántica, poder popular, economía estatalizada y cancelación unilateral de la deuda.
Desarrollo social
Syriza es mucho más ambigua respecto a la UE: «Tsipras dice que quiere seguir en la Unión Europea, pero se refiere a una unión de los pueblos. Yo creo que Bruselas tratará de echarnos de la eurozona», explica Vassilis Jrisos, de Syriza: «También queremos una auditoría de la deuda y ver qué partes son ilegítimas y podemos no pagar. Desde luego, si gobernamos, daremos prioridad al desarrollo social por encima del pago de la deuda».
Pero a estos dos partidos, tradicionales contendientes de las elecciones griegas, les ha surgido un tercer contrincante, que tampoco quiere oír hablar de coaliciones de la izquierda pero que en pocos meses se ha situado muy bien en las encuestas, con entre el 6% y el 12% del apoyo. Se trata de Izquierda Democrática (Dimar), cuyo líder, Fotis Kuvelis, el político mejor valorado por los griegos, se escindió de Syriza por considerar que se había escorado demasiado a la izquierda. «Nosotros tampoco confiamos en los socialistas y los conservadores, que son los que nos han traído a esta situación de crisis, pero no somos como los otros partidos-protesta de la izquierda, cuyo único programa es la bancarrota y la miseria», critica Manos Matsaganis, economista y candidato de Dimar.
Distribución equitativa
El partido defiende la permanencia en la UE y el euro y cumplir las exigencias de ahorro de Bruselas, aunque distribuyendo más equitativamente las cargas. Dentro del partido hay un debate sobre si, tras las elecciones, debería dar o no apoyo externo a una nueva coalición entre el PASOK y ND a cambio de que el nuevo Gobierno refuerce las políticas sociales: «No nos entusiasma la idea pero no somos indiferentes a la gobernabilidad del país», afirma Matsaganis.
Con todo, Syriza aún guarda una última esperanza, según asegura Jrisos: «Si el domingo, los números no permiten al PASOK y ND formar Gobierno y la izquierda tiene mayoría suficiente, las bases de los otros partidos presionarán a sus respectivos dirigentes para que formemos una gran coalición de izquierdas».