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Análisis

Israel, Irán y el lobo feroz

Martes, 4 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Montserrat Radigales PERIODISTA

El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, ha hecho todo lo posible para que el mundo entero crea que está dispuesto a ordenar un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán para impedir que el régimen de los ayatolás obtenga el arma atómica. Bombing or bomb, reza el axioma en inglés; o sea «o bombardeamos o tendrán la bomba».

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Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

De que Netanyahu ha sacado rédito político de su persistencia no hay ninguna duda. Ha logrado situar la cuestión iraní en primera línea de la agenda internacional y contribuyó en buena medida al endurecimiento de las sanciones y a que la UE impusiera un embargo petrolero a Teherán.

Tampoco hay ninguna duda de que un Irán nuclear sería algo indeseable para el mundo, y no solo para Israel. Más allá de las reiteradas bravuconadas de los teócratas de Teherán prometiendo borrar del mapa al Estado judío, el mero hecho de que Irán poseyera armas nucleares cambiaría de golpe, aunque no las utilizara, todo el equilibrio estratégico de Oriente Próximo y más allá. Y, según los expertos, llevaría a la proliferación nuclear en la región: Arabia Saudí y otros países se lanzarían a una carrera desesperada por hacerse también con la bomba atómica.

Es una de las razones por las que, para EEUU, un Irán nuclear resulta también intolerable. Pese a la inmensa desconfianza existente entre Obama y Netanyahu, las divergencias entre EEUU e Israel no están en el objetivo. Discrepan sobre cuál es el margen de tiempo que queda y, sobre todo, en cuál es la «línea roja» que no se puede cruzar: la de Israel es que Irán obtenga la capacidad de fabricar el artefacto; la de EEUU, que se disponga realmente a fabricarlo.

La mala noticia es que, según los informes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el programa nuclear iraní avanza a marchas forzadas. Para empeorar las cosas, las negociaciones entre las potencias internacionales y Teherán, reanudadas en junio, están embarrancadas, lo que confirma las sospechas de que para Irán eran solo un instrumento para ganar tiempo.

Pero, volviendo al principio, ¿está Netanyahu dispuesto a enviar sus cazas o va de farol? En Israel no hay consenso -ni en el Gobierno, ni en los responsables de la seguridad, ni en la población-en favor de una acción que conlleva inmensos riesgos.

El exembajador de EEUU en Israel Martin Indyk dijo hace poco que, al principio, EEUU se alarmó y trató de aplacar a Israel, pero que después Washington quedó convencido de que las supuestas intenciones de Netanyahu eran «un fraude inmenso».

Llevamos así un año. Netanyahu puede ser, pues, el Pedro que siempre avisa de que viene el lobo aunque no sea verdad. A diferencia del cuento infantil, el lobo no vendrá, pero el problema para Israel es que quizá ya se habrá comido una presa importante: la credibilidad. No es algo baladí, porque en la credibilidad se basa la capacidad de disuasión.

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