El rostro de mirada penetrante y determinada del ministro del Interior francés, Manuel Valls, ocupa la portada del semanario 'Le nouvel Observateur' bajo el título "El vicepresidente". Con esta impactante fórmula --el cargo no existe en Francia--, la publicación pone de relieve el enorme protagonismo que ha adquirido en el Gobierno de François Hollande este dirigente socialista nacido en Barcelona hace 49 años de padre catalán exiliado en París.
En tan solo cuatro meses, Valls se ha erigido en el hombre fuerte del Ejecutivo, ocupando el espacio que deja libre el primer ministro, Jean Marc Ayrault, a causa de su clamorosa falta de carisma y sus limitadas dotes mediáticas.
Bregado durante su etapa de portavoz del Ejecutivo de Lionel Jospin, el titular de Interior es, en cambio, un eficaz comunicador. Tanto con Ségolène Royal en las presidenciales del 2007 como en la pasada campaña con Hollande se convirtió en una pieza clave como jefe de comunicación. Frente a la frialdad escandinava de Ayrault, el estilo directo e incisivo de Valls se ha impuesto sin problemas.
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