La crónica del horror en Siria parece no tener fin y el viejo axioma de que, en la guerra, la primera víctima es la verdad se revela con toda su crudeza en las ciudades y aldeas de ese país de Oriente Próximo. Quizá nunca conoceremos con detalle la magnitud de las masacres, torturas, asesinatos a sangre fría y otras atrocidades que ocurren a diario.
Lucha 8 Un miliciano arrastra un cuerpo en Alepo; abajo, secuencia del video que muestra la caída de un cadáver arrojado desde el tejado. REUTERS / GORAN TOMASEVIC
Información publicada en la página 11 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 14 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
De lo que es capaz el régimen de Bashar el Asad -al igual que lo fue bajo la batuta de su padre, Hafez el Asad- nadie podía tener dudas, vistos los antecedentes históricos y la propia naturaleza del sistema baasista. La represión brutal de las manifestaciones pacíficas en los inicios de la revuelta, hace ya 17 meses, seguida de ejecuciones sumarias, cerco de ciudades rebeldes y bombardeos indiscriminados, desapariciones y torturas han sido ampliamente documentados por las organizaciones de derechos humanos. A medida que los insurgentes se han organizado y obtenido mejor armamento y el conflicto ha adquirido un cariz de guerra civil con tintes sectarios, las acciones de las fuerzas gubernamentales y de los shabiha (los sicarios del régimen) han crecido si cabe en brutalidad y crueldad. La masacre de Hula, el pasado 25 de mayo, en la que murieron 108 personas (incluidos 49 niños y 34 mujeres), algunas a resultas de un bombardeo pero la gran mayoría asesinadas a sangre fría, marcó un punto de inflexión.
Responsabilidad
Pero desde hace algún tiempo, las organizaciones de derechos humanos denuncian también, salvando las distancias, crímenes cometidos por la insurgencia. «Hemos investigado también las informaciones de que grupos armados de la oposición han sido responsables del asesinato de miembros de las fuerzas de seguridad capturados y otros crímenes. El liderazgo tiene que dejar claro que no tolerará abusos de nadie bajo su mando», señalaba Amnistía Internacional el pasado 25 de julio. «Con el mayor acceso a armas pesadas por parte de la oposición, hay también una mayor responsabilidad y los miembros de la oposición no son más inmunes a esta responsabilidad que las fuerzas gubernamentales», señalaba tres días antes, el 20 de julio, Donatella Rovera, una responsable de la citada organización. El pasado 2 de agosto, varios mandos del opositor Ejército Libre de Siria firmaron un «código de conducta».
La difusión ayer en internet de tres vídeos en los que aparecen supuestos insurgentes cometiendo atrocidades ha hecho saltar de nuevo las alarmas. En uno se ve cómo los rebeldes arrojan cadáveres desde el tejado del edificio de Correos de Al Bab (norte de Alepo) mientras una turba grita «Alá Akbar (Dios es Grande); es un shabiha». Otro video muestra cómo degollan a un individuo y una tercera filmación recoge otro asesinato a sangre fría.
Estas filmaciones no han podido ser autentificadas pero es probable que el relato sea verídico. Algunos líderes de la revuelta se mostraron ayer preocupados y varios activistas opositores no ocultaron su indignación.
«Si este vídeo es auténtico, estas atrocidades son contrarias a la revolución. Eso beneficia al régimen y a los enemigos de la revolución, en el interior y el exterior de Siria», dijo a la agencia France Presse Rami Abdel Rahmane, presidente del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos. «Los rebeldes de Alepo han degollado a un shabiha y gritado Alá Akbar como si degollaran un animal. ¿Qué diferencia hay entre ellos y quienes matan a nuestras mujeres y niños? Es injustificable», denunció Masud Akko, un activista kurdo fundador de la Asociación Independiente de Periodistas Sirios.
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