Zoni Weisz tenía 7 años cuando en mayo de 1944 fue deportado, junto con su familia a Auschwitz. Intentó escapar junto con su tía, pero tardó poco en volver a ser capturado. Con la ayuda de un oficial holandés, miembro de la resistencia, pudo escapar de nuevo y llegar hasta casa de sus abuelos, donde permaneció hasta el final de la guerra. Sus padres y hermanos no tuvieron la misma suerte y fueron asesinados en Auschwitz. Todavía ayer, ante las principales autoridades del país, el presidente de la República, Joachim Gauck, la cancillera Angela Merkel, el presidente del Bundestag y representantes de todos los grupos parlamentarios, se preguntaba, emocionado: «¿Cómo fue posible todo aquello?»
El acto 8 Algunos de los asistentes a la inauguración del monumento a los gitanos, ayer. AP / MARKUS SCHREIBER
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 25 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Weisz, holandés de etnia gitana, recordó ayer en Berlín este trágico episodio durante la inauguración de un monumento, obra del israelí Dani Karavan, que honra a las 500.000 mujeres, hombres y niños gitanos, exterminados durante el régimen de Hitler. Al homenaje asistieron miembros de las comunidades judía y gitana y supervivientes de campos de concentración. Romani Rose, presidente del Consejo Central Gitano de Alemania, uno de los máximos impulsores del reconocimiento, declaró cuando, por fin, vio que aquello por lo que tanto había luchado era una realidad: «Durante muchos años, el asesinato de gitanos a manos de los nazis fue apenas un apéndice del Holocausto».
Hasta 1982
No fue hasta 1982 cuando el Gobierno alemán de Helmut Schmidt reconoció el genocidio contra los miembros de la etnia gitana. Diez años después, el Bundestag decidió erigir un memorial para honrar a los que murieron en los campos de concentración nazis entre 1938-cuando Heinrich Himler, ordenó «la solución final de la cuestión gitana»- y 1945.
Merkel habló ayer de «tristeza y vergüenza» y de responsabilidad «no solo hacia las víctimas, sino también hacia los supervivientes». Y recordó que los gitanos todavía luchan por sus derechos y que «es tarea de Alemania y de la Unión Europea reconocer estos derechos». La cancillera concluyó citando el artículo 1 de la Ley Fundamental alemana: «La dignidad de la persona es inviolable».
El monumento, a escasos metros del Bundestag, consiste en un estanque de 12 metros de diámetro, con fondo de granito. En el centro, un soporte triangular servirá para que cada día se deposite en él una flor recién cortada. Arededor del estanque, varias piedras llevan grabado el nombre de los campos de concentración como Auschwitz, Sachsenhausen o Buchenwald. El poema Auschwitz, de Santino Spinelli, gitano, rodea el perímetro del estanque: Rostros hundidos / ojos extinguidos / labios fríos / silencio / un corazón destrozado / sin respiración / sin palabras / sin lágrimas.