El Elíseo al alcance de la mano. Después de resistir dignamente a los violentos embates de Nicolas Sarkozy en el único debate entre los dos finalistas de las presidenciales del próximo domingo, François Hollande consolidó ayer su estatus de favorito de los franceses para tomar el timón del país. Al no conseguir poner al candidato socialista contra las cuerdas, el presidente saliente, en clara desventaja en los sondeos, se aleja un poco más de la reelección.
François Hollande se da un baño de masas en Toulouse, antes de su último gran mitin de campaña, ayer. AFP / PATRICK KOVARICK
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Seguido por casi 18 millones de telespectadores, el duelo no se convirtió en el punto de inflexión que esperaba la derecha. Según un estudio de opinión del instituto LH2, las tres horas de debate apenas modificaron la intención de voto expresada en los últimos días por los franceses. El 53% opta por Hollande, mientras el 47% se decanta por Sarkozy.
La encuesta revela que los electores juzgaron más convincente al socialista (45%) que al conservador (41%). Según Ifop, esta diferencia es mayor en favor de Hollande (42% frente al 34%). La mayoría vio a Hollande más responsable y simpático. El aspirante al Elíseo es considerado también el más «sincero», «cercano a las preocupaciones de los electores» y «tranquilizador». En cambio, Sarkozy es mejor valorado a la hora de evaluar el dinamismo, la competencia y la credibilidad, en este último aspecto con un punto de ventaja.
ESTATURA PRESIDENCIAL / Hollande fue sin duda menos agresivo. Sin embargo, al aguantar el tipo e incluso devolver algunos de los obuses disparados por su hábil -y encrespado- oponente, logró su objetivo de desmentir la imagen de blando y débil de carácter que Sarkozy pretendía subrayar. También ganó enteros en otro de sus puntos débiles: la estatura presidencial, de la que adolece debido a su falta de experiencia gubernamental.
Politólogos y medios de comunicación coincidieron en que, al no ser derrotado, Hollande salió airoso del trance puesto que afianza su ventaja. En la primera vuelta de las elecciones obtuvo un 28,63% de los votos frente al 27,18% de Sarkozy.
Así las cosas, Sarkozy lo tiene muy difícil para no seguir los pasos del único presidente de la quinta República que no fue reelegido: Valerie Giscard d'Estaing. «No es imposible, pero sería toda una hazaña», sostiene el analista Dominique Reyné. Para vencer, Sarkozy debería obtener la gran mayoría de los 6,4 millones de electores de la ultraderecha de Marine Le Pen y de los 3,2 millones del centrista François Bayrou, quien a título personal aseguró ayer, contra todo pronóstico, que apoyará a Hollande. El candidato socialista cuenta ya con los 3,9 millones de electores de la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon.
Sarkozy, aun así, no se da por vencido. «Nunca ha habido unas elecciones tan ajustadas. Las encuestas mienten», dijo ayer. Quizá. Lo cierto es que los candidatos cerrarán hoy una campaña inédita, la más crispada que se recuerda en Francia.