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Decepción en Francia

Hollande pierde fuelle acosado por la crisis y la falta de liderazgo

Las tensiones internas del Gobierno se añaden a problemas de seguridad y de sintonía con Merkel

La popularidad del presidente francés cae por el hundimiento de los datos macroeconómicos

Domingo, 2 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ELIANNE ROS / París

François Hollande debe acordarse estos días de la lacónica frase pronunciada por su padre, Georges, cuando ganó las elecciones el pasado 6 de mayo: «Sarkozy le ha hecho un regalo envenenado». Con unos indicadores económicos descorazonadores, los problemas de seguridad encadenándose, las tensiones internas del Gobierno reproduciéndose como champiñones, las relaciones con Alemania sin salir del frigorífico y la popularidad en caída libre, el curso político no podía empezar peor para el socialista que se convirtió en la esperanza blanca de Europa para salir de la crisis. Las espectativas generadas por su iniciativa de dar un giro a la política de austeridad impuesta por la cancillera Angela Merkel se desinflan por momentos. No solo parecen topar con la dura realidad económica sino también con las dificultades para afianzar su liderazgo.

Hollande, recibido por una delegación sindical durante una visita a una feria en Châlons-en-Champagne, el pasado viernes. AFP / FRANÇOIS NASCIMBENI

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Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 02 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Ante las acusaciones de inacción y de falta de firmeza para afrontar las reformas pendientes, Hollande se ha visto obligado a salir del mutismo. «Estamos ante una crisis de una gravedad excepcional», justificó el viernes en un discurso cuya solemnidad contrastaba con el contexto de la visita, la feria de Châlons-en-Champagne. El jefe del Estado no tenía previsto entrar en harina hasta el 9 de septiembre, fecha en la que será entrevistado en televisión, pero la situación económica se degrada a pasos de gigante.

MEDIDAS URGENTES / El paro alcanza niveles desconocidos desde hace décadas -10% de la población activa- los planes de reestructuración emergen en cadena -60.000 puestos amenazados- , el déficit comercial se ha disparado -34.900 millones de euros- y el PIB se ha estancado por segundo trimestre consecutivo. Con estos datos sobre la mesa, el Gobierno no ha tenido otro remedio que revisar a la baja la previsión de crecimiento -del 1,2% al 1%- para el próximo año y apretar el acelerador. La presentación de la reforma fiscal que implicará un aumento de los impuestos -y la puesta en marcha de la medida estrella de la campaña: 75% de retención a partir del millón de euros de ingresos- se adelantará a principios de otoño. Hollande anunció también un avance del dispositivo para crear empleos jóvenes -160.000 puestos subvencionados en dos años- así como una reforma del sistema de protección social y otra para prevenir las reducciones de plantilla en las empresas.

Con este tipo de iniciativas Hollande espera reconducir la tendencia de la economía y reconquistar a la opinión pública francesa. El 68% se muestra pesimista sobre la capacidad de Hollande de evitar el desastre. Por primera vez desde su llegada al poder, el presidente ha perdido la confianza de la mayoría de los ciudadanos. Según el sondeo de Ifop, las opiniones favorables han caído 11 puntos, del 53% al 44%, mientras que las desfavorables suben como la espuma, del 27% al 47%. Similar progresión experimenta la cota de popularidad del primer ministro, Jean Marc Ayrault, cuyo estilo, tan austero como falto de carisma, no acaba de convencer. El propio Hollande le ha instado a «expresarse» y «tomar la iniciativa».

Pero los problemas del Gobierno se extienden a otros ámbitos. Tras los polémicos desmantelamientos de campamentos de gitanos, la proliferación de la violencia de las mafias en las calles de Marsella ha llevado a una dirigente socialista a pedir la invervención de Ejército. En los últimos ocho meses se han registrado 14 episodios con víctimas mortales. El Gobierno ha rechazado el recurso a la represión militar, pero la cuestión es motivo de un encendido debate dentro y fuera del Ejecutivo.

Las tensiones en el Gobierno -especialmente entre los socialistas y sus socios verdes- se suceden. Cuando no es por la política de firmeza del ministro del Interior, Manuel Valls, con los gitanos, es por el enfrentamiento sobre la energía nuclear.

Pero Hollande no solo debe convencer a los franceses. Las medidas dirigidas a cumplir con la reducción del déficit pretenden tranquilizar al Gobierno alemán, escandalizado con las primeras iniciativas del socialista. Para Merkel, decisiones como volver a la jubilación a los 60 años -prolongada por Sarkozy hasta los 62-, crear nuevos puestos en la educación o el incremento del salario mínimo no van en la línea de los sacrificios que considera necesarios para superar la crisis del euro. De momento, el estilo contemporizador de Hollande está lejos de seducir a la cancillera.

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