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El aterrizaje en la realidad será tan rápido como brusco. Apenas unas horas después de entrar en el Elíseo para ser investido presidente de la República, François Hollande volará esta tarde a Berlín para reunirse con la cancillera alemana, Angela Merkel. Un encuentro crucial para las relaciones entre ambos países y también para Europa en un contexto de degradación de la crisis, al que se añade la presión de una Grecia al borde del abismo. Pero el nuevo jefe del Estado francés está dispuesto a sacar partido de la fragilidad de Merkel tras su sangrante derrota en Renania del Norte-Westfalia para hacer avanzar sus tesis en favor del crecimiento.
Merkel señala a Europa en un mapa del mundo durante una visita escolar, ayer en Berlín. REUTERS / THOMAS PETER
Información publicada en la página 16 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 15 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Hollande está en posición de fuerza», sostienen los analistas políticos franceses. El golpe electoral que ha recibido el partido conservador de Merkel a 16 meses de las legislativas alemanas se interpreta también como una sanción a la política de austeridad impuesta por la cancillera a los países de la zona euro. Pero incluso debilitada, Merkel no está dispuesta a poner las cosas fáciles al socialista que sucede a Nicolas Sarkozy, su amigo y compañero de familia política. Pese a admitir que ha sufrido una derrota «dolorosa y amarga», ayer rechazó de plano que el revés regional en las urnas pueda modificar su posición. «El trabajo en Europa no debe verse afectado», sostuvo en rueda de prensa.
PRESIÓN EUROPEA / Hollande, por su parte, tampoco está en disposición de rebajar planteamientos. El nuevo presidente ha hecho de la renegociación del tratado de disciplina presupuestaria para introducir medidas de relanzamiento de la economía uno de los ejes de su campaña. Su apuesta ha generado esperanza más allá de la izquierda europea. Gobiernos conservadores ahogados por la crisis como España o Italia están muy pendientes de los movimientos del presidente francés.
Sometidos a fuertes presiones, Merkel y Hollande se verán, pues, en un clima que se prevé tenso. Según los analistas, aunque ambos están condenados a entenderse, al mismo tiempo no pueden dejar de poner en escena sus diferencias. El jefe del Estado francés, que la semana pasada se entrevistó con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el del Eurogrupo, Jean Claude Junker, intentará aprovechar la pérdida de influencia de Merkel para que esta ceda en algunas de sus posiciones, como la emisión de eurobonos o la intervención del Banco Europeo de Inversiones para financiar proyectos en innovación e infraestructuras. La cancillera, por su parte, no está dispuesta a transigir en la idea de una renegociación del tratado que defiende Hollande, pero podría aceptar un acuerdo adicional centrado en el crecimiento.
«No hay contradicción alguna entre política presupuestaria sólida y crecimiento», subrayó ayer. Merkel necesita dos tercios de los votos de los diputados para aprobar el acuerdo de disciplina en las cuentas y, tras la pérdida de ocho puntos en Renania-Westfalia -el land alemán más poblado con 18 millones de habitantes- deberá entenderse con un partido socialdemócrata cada vez más reacio a su política de austeridad.
La sintonía con los socialdemócratas alemanes juega en favor de Hollande, que esta semana afrontará un encuentro calificado de «extremadamente importante» con Merkel y otro no menos trascendental en Washington con Barack Obama y otro espinoso asunto: la retirada inmediata de las tropas de Afganistán prometida por el socialista.
En Berlín, Hollande se juega empezar el mandato con buen pie. Y, aunque no se espera un acuerdo, confía en que, a diferencia de Sarkozy, cuyo carácter excesivo chocó al principio con Merkel, a nivel personal la química funcione.