La tentación del euroescepticismo ha perdido la partida frente al pragmatismo. Tras una campaña marcada por los recelos hacia la integración europea y la solidaridad con los países del sur, los holandeses han confiado mayoritariamente en dos partidos favorables al cumplimiento de las reglas marcadas por Bruselas. Según el resultado de los sondeos a pie de urna, el partido liberal del primer ministro Mark Rutte queda en cabeza, con 41 escaños, seguido muy de cerca por los laboristas del dinámico y mediático Diederik Samsom, que obtiene 40.
El líder laborista Diederik Samsom ejerce su derecho al voto junto a sus hijos en un colegio electoral en Leiden (Holanda). EFE / ROBIN UTRECHT
Ninguno obtiene mayoría, puesto que el Parlamento cuenta con 150 escaños, por lo que Rutte se verá obligado a buscar alianzas en el fragmentado mapa político holandés. Aunque sus socios democristianos en los últimos dos años han perdido seis escaños --de 19 a 13-- podría repetir un gobierno de coalición con ellos. Mientras el primer ministro es un firme partidario de la receta de la austeridad impuesta por la canciller alemana, Angela Merkel, Samsom pone más el acento en la necesidad de relanzar la economía, en la línea del presidente francés François Hollande.
Convocados a las urnas de forma anticipada debido justamente a los recortes presupuestarios para cumplir con las exigencias de la UE --los socios parlamentarios retiraron su apoyo a Rutte--, los electores han optado por no romper con Europa, como propone la ultraderecha del popular Geert Wilders y, aunque en menor medida, la izquierda radical de Emile Roemer. Wilders, que ha cambiado el discurso contra el islam y la inmigración por la eurofobia, ha sufrido un descalabro al pasar de 24 a 13 escaños. Y Roemer, con 15 escaños, los mismos que obtuvo hace dos años, se queda por detrás de sus espectativas.
Pese a sus dudas, el miedo a la pérdida de soberanía y el pavor al contagio de la crisis, los neerlandeses no parecen dispuestos a renegar de su pasado como país fundador de la Unión Europea. El mismo día que el tribunal constitucional alemán ha dado luz verde al rescate de los países en dificultades, Holanda ha dicho sí a Bruselas. Aunque sea un sí poco entusiasta. El Gobierno ha hecho lo posible por fomentar la participación, llevando las mesas electorales a las estaciones de tren, el aeropuerto internacional de Shiphol, cuarteles de bomberos, iglesias e incluso museos. Algunos han abierto a las 6 de la mañana y los más tardíos han cerrado a las 21 horas.