angela Merkel debe sentirse reivindicada por los holandeses. El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, de 45 años, es uno de los pocos gobernantes europeos refrendados en plena crisis habiendo prometido disciplina y austeridad. Incluso ha logrado el mejor resultado jamás obtenido por su partido, el liberal de derecha VVD. Pero sus 41 escaños -el Parlamento tiene 150- no son suficientes. Ayer mismo se puso «manos a la obra» para formar una coalición estable que le permita contar con el apoyo de los 39 diputados de los laboristas de Diederik Samsum, de 41 años, defensor de una política social y que ponga el acento en el crecimiento, muy en la línea del presidente francés, François Hollande. Un equilibrio complejo.
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 14 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
¿Será Holanda el laboratorio de Europa? ¿El país que encuentre la fórmula que combine la austeridad de Merkel y el crecimiento de Hollande para salir de la crisis del euro? Forzado por el resultado electoral y por la presión de los ciudadanos, Rutte está en ello. «Deberían entenderse, necesitamos un Gobierno capaz de unir al país para afrontar la crisis», opina Joos van Dam, camarero y estudiante de Ciencias Políticas. «Han dicho que nunca irían juntos, pero ahora la gente lo pide, si logran ponerse de acuerdo, sería una bonita coalición», sostiene el analista político Pal de Boer. «El centro ha vuelto», titula en portada el diario progresista De Volkskrant, que celebra que los votantes hayan apostados por los dos partidos moderados y frenado la tendencia a fragmentar la Cámara con partidos pequeños. Las principales víctimas de esta tendencia han sido los ecologistas, que han pasado de 10 a 3 diputados.
ALIVIO EN BRUSELAS/ Para muchos holandeses, la «buena noticia» de estos comicios avanzados -Rutte no obtuvo apoyo a los recortes para cumplir con la reducción del déficit impuesta por Bruselas- es el retroceso del xenófobo Geert Wilders, abanderado de la eurofobia. Para Bruselas también ha sido un alivio. «Un gran resultado para Europa, las voces proeuropeas de la razón han sido respaldadas y los partidos antieuropeos y aislacionistas han sido ampliamente rechazados», se felicitó el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. La misma lectura hizo el jefe de la diplomacia alemana, Guido Westerdelle. «Es un refuerzo para Europa y un debilitamiento de populistas». No en vano Rutte es un firme aliado de Merkel.
El éxito del premier holandés radica en su credibilidad, combinada con un estilo cercano y simpático. Los ciudadanos tienen el sentimiento de que ha hecho todo lo que estaba en su mano para preservar al país de la crisis y mantener su preciada calificación de triple A. Este soltero con aires de Harry Potter educado bajo los principios de la iglesia calvinista protestante -otro punto en común con Merkel- defiende una política de ajustes centrada en no malgastar un solo céntimo público. Ha impulsado la liberalización de los servicios sanitarios y la retirada de los beneficios fiscales por contratar una hipoteca. Sin embargo deberá tener en cuenta la preocupación del país por preservar el sistema de pensiones, que se ha traducido en la entrada en el hemiciclo, con dos escaños, del partido 50 plus, creado para defender la los jubilados.
«Haré todo lo posible para que Holanda tenga un Gobierno centrista y proeuropeo. Voy a luchar para que salga más fuerte de la crisis», afirmó Rutte, liberal convencido y fascinado por el «sueño americano» que gusta citar a personalidades como Ronald Reagan, Margaret Thacher o Winston Churchil. Y, sobre todo, orgulloso de dirigir un pequeño país de 16,7 millones de habitantes que es la quinta potencia europea.