Pese a sus dudas, su miedo a la pérdida de soberanía y su pavor al contagio de la crisis, los neerlandeses no están dispuestos a renegar de su historia como país fundador de la Unión Europea (UE). Los electores vencieron ayer la tentación de dar la espalda a Bruselas al votar mayoritariamente a los partidos favorables a la integración europea. Al cierre de esta edición, los liberales del primer ministro, Mark Rutte, iban en cabeza con 41 escaños, pero los laboristas de Diederik Samsom les pisaban los talones con 40.
El primer ministro saliente, Mark Rutte, saluda a unos escolares tras depositar su voto, ayer, en La Haya. REUTERS / PAUL VREEKER
Información publicada en la página 16 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 13 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ninguno obtiene mayoría -el Parlamento cuenta con 150 escaños- por lo que el color del Gobierno dependerá de las alianzas que se formen en el fragmentado mapa político holandés. Aunque los socios democristianos de Rutte en los últimos dos años han retrocedido de 21 a 13 escaños, el primer ministro podría repetir coalición con ellos. No se descarta una alianza de los dos líderes más votados, aunque sus políticas son difíciles de conciliar. Rutte es un firme partidario de la austeridad impuesta por la cancillera alemana, Angela Merkel, mientras Samsom pone el acento en el aspecto social y la necesidad de relanzar la economía, en la línea del presidente francés, François Hollande.
DESCALABRO EURÓFOBO / Convocados a las urnas de forma anticipada debido justamente a los recortes presupuestarios para cumplir con las exigencias de la UE -Rutte perdió su apoyo parlamentario-, los electores optaron por Europa, al contrario de lo que propone la ultraderecha del populista Geert Wilders y, aunque en menor medida, la izquierda radical de Emile Roemer. Wilders, que ha cambiado el discurso contra el islam y la inmigración por la eurofobia, sufrió un descalabro, al pasar de 24 a 13 escaños. Y Roemer, con 15 escaños, quedó por detrás de las expectativas.
URNAS EN LAS ESTACIONES / El mismo día en que el Constitucional alemán daba el visto bueno al rescate de los países en dificultades, los holandeses no quisieron repetir el portazo que dieron en el 2005 en el referendo sobre la Constitución europea. El Gobierno hizo esta vez todo lo posible por fomentar la participación, llevando las mesas electorales a las estaciones de tren, el aeropuerto internacional de Shiphol, cuarteles de bomberos, iglesias e incluso museos. Algunas abrieron a las seis de la mañana y los más tardíos cerraron a las nueve de la noche. A diferencia de España, los debates se celebran hasta la víspera de la elección y los candidatos continúan haciendo campaña mientras los ciudadanos votan para intentar convencer a los indecisos. Anoche se estimaba que la participación de los 12,5 millones de electores convocados a las urnas no estaría muy alejada del 75% registrado en las elecciones de hace dos años.
El primer ministro saliente se sintió ayer reforzado en sus tesis. «Continuaremos la estrecha colaboración con Alemania y Finlandia para combatir la crisis del euro», garantizó Rutte, al tiempo que lanzaba una advertencia a los países del sur: «Grecia y los demás deben cumplir sus promesas o no podremos ayudarles». El mediático Samsom, que en apenas tres semanas se ha erigido en alternativa a los liberales, dio el primer paso en busca del consenso. «Es un error de apreciación creer que la crisis debe resolverse eligiendo entre París y Berlín», sostuvo para desdramatizar la comparación de Rutte con Merkel y de él con Hollande.