Desde que nació, el príncipe Guillermo ha estado acostumbrado a ser bien recibido, allí donde vaya. Fue el niño de los veranos al sol en yates millonarios, con su madre Diana. El adolescente jaleado con histeria por las jovencitas de los cinco continentes. El romántico esposo, que viaja ahora con la nueva estrella de la familia real. Pero su último desplazamiento, el que inició ayer a las islas Malvinas, le ha convertido en blanco de las iras de los argentinos.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 02 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El duque de Cambridge pasará las próximas seis semanas en la base aérea de Mount Pleasant, a 48 kilómetros de Stanley, la capital de las inhóspitas islas, donde hay más ovejas que seres humanos. Guillermo participará en un entrenamiento con helicópteros de rescate. Su presencia, un par de meses antes del trigésimo aniversario del inicio de la guerra entre Argentina y el Reino Unido, es para el Gobierno de Cristina Fernández una provocación.
«El pueblo argentino lamenta que el heredero real llegue a suelo patrio con el uniforme del conquistador y no con la sabiduría del estadista que trabaja al servicio de la paz y el diálogo entre las naciones», señala la nota oficial del Ministerio de Exteriores argentino. Desde hace meses, Londres y Buenos Aires andan enzarzados en un cruce de acusaciones y gestos intimidatorios.
A petición de Argentina, varios países latinoamericanos han acordado impedir la entrada a sus puertos de los barcos con bandera de las Malvinas. El pasado mes, David Cameron convocó al Consejo Nacional de Seguridad para analizar la situación. Esta semana, el Ministerio de Defensa británico ha confirmado el envío al Atlántico Sur de uno de sus destructores más modernos, el HMS Dauntless, equipado con misiles antiaéreos de alta tecnología. Para los argentinos, los británicos están «tratando de militarizar el conflicto». Aunque hasta cierto punto, en todo caso.
El general ya jubilado Mike Jackson, que llegó a ser jefe del Ejército, asegura que con la actual crisis y los recortes que Cameron está realizando en Defensa, el Reino Unido no podría hoy recuperar las Malvinas en caso de una nueva invasión. Pese a ello, no parece probable que Guillermo deba temer una sorpresa bélica. El heredero no participará en ninguna ceremonia oficial, aunque probablemente le veremos de uniforme, en una foto de claro poder propagandístico.