Se llama Tanja Nijmeijer. Tiene 34 años, un rostro de princesa y decidió llamarse Alexandra o Eileen en las FARC. La guerrilla la ha incluido en la delegación que debe negociar con el Gobierno colombiano el fin de un ciclo de muerte y violencia de medio siglo. ¿Qué hace ella allí?, se preguntan en Bogotá, dada su poca relevancia política dentro de la estructura insurgente.
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 18 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Nació en 1978. Aterrizó en Bogotá con 20 años. Retornó más tarde, en la década del 2000, con un título de Filología castellana y una decisión tomada: vincularse a la guerrilla. Dada su condición de políglota, llegó a ser asistente de Jorge Briceño, Mono Jojoy, el jefe militar de las FARC, abatido en septiembre del 2010.
Tanja se hizo visible cuando, cinco años atrás, el Ejército realizó una operación en plena selva y encontró un diario personal. Otra activista holandesa, Liduine Zumpolle, obtuvo ese material y escribió el libro Tanja. En algunos pasajes del diario se critican duramente la promiscuidad sexual de los guerrilleros y el comportamiento egoísta de algunos comandantes. «¿Cómo será cuando tomemos el poder? ¿Las mujeres de los comandantes en Ferraris, con implantes en los pechos y comiendo caviar?», se pregunta. León Valencia, coautor de otro libro sobre Nijmeijer, asegura que el tono de esas confesiones la pusieron al borde del fusilamiento. Raúl Reyes, por entonces el número dos de las FARC, la salvó del paredón.
El diario de Alexandra siguió dando que hablar en Ámsterdam. Sobre la base de esos testimonios y el trabajo posterior de Zumpolle , el cineasta Leo de Boer rodó su documental Más cerca de Tanja, en el que se cuentan los intentos de la madre de la guerrillera de contactar con ella en la selva colombiana. Hannie Nijmeijer estaba convencida de que su hija vivía. Su certeza crecía a medida que recorría la selva y recibía testimonios de militares, insurgentes que se desmovilizaron y de organizaciones defensoras de los derechos humanos. Y mientras buscaba a Tanja, la madre daba cuenta del desarrollo del conflicto. «Cuando vine la primera vez esto era de la guerrilla», dijo Hannie, poco después de descender del helicóptero en el pueblecito de La Julia. Allí grabó en holandés varios mensajes que se oyeron desde las alturas. Desde los altavoces añadidos al helicóptero salió una voz desesperada: «Aquí hay gente buena que te está ayudando a salir. Vuélate».
Tanja decidió quedarse y ser fiel a un nombre que había sido el apodo de otra mujer. En agosto de 1967, en Bolivia, la argentina Haydée Tamara Bunke Bíder, hija de padre alemán y madre polaca e integrante de la columna de Ernesto Guevara era abatida por un comando del Ejército. Se la conocía como Tania.