El Gobierno conservador británico deberá extender su impopular política de recortes hasta, al menos, el año 2016, más allá de la actual legislatura. El ministro de Finanzas, George Osborne, anunció ayer futuros y masivos recortes en las prestaciones sociales por un montante que estimó en unos 10.000 millones de libras (alrededor de los 12.400 millones de euros).
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 09 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La nueva fase del plan de austeridad se aplicará al menos hasta el 2016, es decir tras las elecciones generales previstas para el 2015 en caso de que los tories salgan reelegidos. De momento, la oposición laborista domina los sondeos de intención de voto, con una ventaja de entre 10 y 14 puntos sobre los conservadores.
Entre los afectados por las nuevas supresiones de beneficios sociales podrían estar los jóvenes desempleados, que perderían la actual ayuda a la vivienda, y las familias numerosas con bajos ingresos, según apuntó el ministro. La nueva tanda de recortes vendrá a sumarse a los 18.000 millones de libras (22.300 millones de euros) suprimidos desde el 2010 en subsidios, pensiones y con la eliminación de miles de empleados en el sector público.
«La mayor parte del ahorro debemos hacerlo con la reducción del gasto público, en lugar de aumentar los impuestos», declaró Osborne durante su alocución en la conferencia anual que el Partido Conservador celebra desde el domingo en Birmingham. «Debemos acometer un ahorro de 10.000 millones de libras en los gastos sociales de aquí a finales del primer año de la próxima legislatura», indicó.
ABUSO DEL SISTEMA / Ante una audiencia que comulgaba con sus ideas, el ministro presentó esos gastos sociales a suprimir como un despilfarro y un abuso del sistema. «¿Cómo podemos justificar la concesión de pisos a gente joven que nunca ha trabajado?», preguntó de forma retórica.
«¿Cómo podemos justificar que los ingresos de los que no trabajan aumenten más rápido que los de quienes trabajan? ¿Cómo podemos justificar que quienes trabajan deban evaluar el coste financiero que supone tener otro hijo, cuando los que no trabajan no lo hacen?», insistió Osborne.
Los laboristas han venido acusando a los conservadores de cargar la mayor parte del coste de la crisis sobre los ciudadanos con menos recursos. Osborne lo negó, asegurando que los más ricos contribuirán en mayor medida a la factura nacional. Pero a renglón seguido descartó la subida de impuestos a las rentas más altas, o la sugerencia de los liberales de aplicar un nuevo impuesto a las mansiones que superen los dos millones de libras (2,47 millones de euros).
PANORAMA PESIMISTA / El ministro pintó un panorama sombrío del país y tuvo que reconocer que el plan de reducir el déficit está siendo más espinoso y lento de lo previsto, porque los problemas son más graves de lo que habían calculado. «Los daños causados por las deudas y la crisis bancaria son peores de lo que temíamos, la subida del precio del petróleo ha sido más alta de lo que esperábamos y las predicciones sobre el euro han resultado ser verdad», declaró. También echó la culpa de la crisis al anterior Gobierno laborista que dirigía Gordon Brown y a su actual líder, Ed Miliband.
La economía británica cayó en la recesión a principios de año y numerosos analistas económicos creen que el Gobierno no podrá cumplir sus objetivos de reducir la deuda. Sin embargo, Osborne se aferra a esa estrategia: «Prometimos a los británicos que íbamos a reparar la economía destrozada y vamos a terminar el trabajo que hemos empezado».