Muy difícil lo tiene el presidente Nicolas Sarkozy y muy poco tiempo le queda para intentar evitar que su rival socialista, François Hollande, le aparte del palacio del Elíseo el próximo domingo. Munición ya no le queda. Tras un debate en el que no logró imponerse a su oponente, el último cartucho, llamado François Bayrou, también le falló anoche cuando el líder centrista del Movimiento Democrático (MoDem) anunció que su voto el próximo domingo será para el aspirante socialista. «Esta es mi elección», afirmó Bayrou en París tras reunir a la dirección de su partido y dejar claro que no da consigna de voto a los 3,3 millones de personas que le dieron su confianza en la primera vuelta del pasado 22 de abril.
Información publicada en la página 15 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La declaración de intenciones de Bayrou es el último jarro de agua fría que recibe Sarkozy en este tramo final de una campaña electoral que parece encaminada a apartarle del poder tras un único mandato de cinco años. Tratando de nadar entre las aguas del centrismo y la ultraderecha, no ha conseguido contentar ni a unos ni a otros. Primero fue la ultra Marine Le Pen la que pidió a sus 6,4 millones de electores que voten en blanco. Ayer Bayrou pudo haber hecho lo mismo y, sin embargo, fue más lejos al mostrar su respaldo explícito a Hollande.
El dirigente centrista dejó claro que no comparte el programa económico del candidato socialista y que él no es un «hombre de izquierdas» sino que permanece «en el centro». Pero fue muy claro en su crítica: «Nicolas Sarkozy se ha entregado a una carrera con la extrema derecha, negando en lo que nosotros creemos. Su línea entra en contradicción con nuestros valores, con los valores del gaullismo.»
Aunque procedente de las filas conservadoras -de la extinta UDF de Giscard d'Estaing- Bayrou se ha mostrado desde siempre muy crítico con la gestión de Sarkozy. Pero lo que ha sellado el divorcio definitivo ha sido la radicalización de la campaña del presidente en la segunda vuelta para atraerse a los votantes de Le Pen. Su cerrada defensa de las fronteras y su discurso sobre la inmigración ha inquietado incluso a las propias filas de Sarkozy pero en el MoDem, partido erigido en estandarte de los valores humanistas, ha creado «un profundo malestar» . Antes de Bayrou, 60 cargos electos del partido habían llamado a votar por Hollande.
Cálculo político
Pero hay también un estudiado cálculo político tras la estrategia de Bayrou. Y es que si Sarkozy pierde las elecciones, la crisis en su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), está a la vista y las elecciones legislativas, también. La aspiración de Bayrou es presidir entonces la recomposición del centroderecha. Parecida ambición mueve a Marine Le Pen: convertirse en la nueva líder de la derecha. Y Sarkozy, mientras, se ha quedado solo.