«Me declaro inocente del hurto grave pero soy culpable de haber traicionado la confianza del Santo Padre». Paolo Gabriele, mayordomo de Benedicto XVI y actualmente juzgado por haber robado y divulgado documentos reservados del Pontífice, se declaró inocente del robo ayer en la segunda audiencia.
Información publicada en la página 16 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Esta declaración, que parece desmentir la versión de que había realizado una confesión plena en la fase de instrucción del sumario, enredó la vista oral, circunstancia que podría aplazar la sentencia, inicialmente prevista para el sábado.
Durante su interrogatorio, que ocupó la sesión entera de tres horas, Gabriele denunció vejaciones sufridas en la prisión y aseguró que varias personas le instigaron a llevar a cabo su acción delictiva, aunque a renglón seguido añadió que no tuvo cómplices. Sin embargo, también subrayó que «durante estos años no he sido solo yo quien ha pasado documentos a la prensa».
Si Gabriele no fue el único topo y, además, fue inducido por otros a cometer el supuesto delito, se confirmaría que el caso refleja una lucha interna entre partidarios y contrarios a la transparencia impuesta por Joseph Ratzinger.
«Usted se encuentra aquí para defenderse y no es pertinente que se refiera a otros aspectos», le increpó el presidente del tribunal, Giuseppe Della Torre, según la versión facilitada por los únicos ocho informadores que pueden seguir la vista oral, con la obligación de compartir la información con sus colegas. En otros momentos de la sesión, Gabriele intentó implicar de alguna manera a otras personas pero, cada vez que lo intentó, el presidente le quitó la palabra. Quienes animaron al mayordomo serían, entre otros, dos cardenales, Angelo Comastri y Paolo Sardi; el monseñor Francesco Cavina, Ingrid Stampa de la llamada «familia pontificia» y Luca Catano, integrante de unos clubs de San Pedro formado por nobles papalinos.
EN LA MESA / «Maduré la convicción de que es fácil manipular a la persona que tiene un poder de decisión tan importante», dijo Gabriele para justificar su acción. «A veces, cuando nos sentábamos en la mesa, el Papa hacía preguntas sobre cosas de las que debía estar informado», añadió el imputado.
Ayer fue interrogado también como testigo monseñor Georg Gaenswein, secretario personal del Papa, quien pudo constatar por sí mismo que había miles de documentos en la casa del exmayordomo, tanto fotocopias como originales. También se encontró un cheque de 100.000 euros