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LA EVOLUCIÓN DEL PRINCIPAL GRUPO YIHADISTA

Estado Islámico, la tormenta perfecta de Oriente Próximo

Todos los actores de la guerra siria, desde el régimen de Asad a los países del Golfo, pasando por Turquía, Rusia y EEUU, han contribuido con su actuación a las dimensiones que ha adquirido el autoproclamado califato

Damasco, en tratos con los yihadistas desde el 2003, liberó a presos suyos y cooperó bajo mano con las huestes de Baghdadi, mientras Ankara hacía la vista gorda a su presencia; Riad y Doha les financiaron al principio

Estado Islámico, la tormenta perfecta de Oriente Próximo

AP

Manifestantes gritan consignas a favor del Estado Islámico con banderas de la organización en Mosul, a 360 kilómetros al noroeste de Bagdad (Irak), el 16 de junio del 2014.

Lunes, 14 de marzo del 2016 - 18:05 CET

Sucedió durante una de las interminables sesiones de Da’wah (predicación religiosa) a las que los tres yihadistas de origen británico sometían regularmente a sus cautivos en la planta superior de un coqueto chalet a orillas del río Eúfrates, probablemente requisado a una familia pudiente de Raqqa.

Con la cara mirando a la pared, los presos, dos decenas de periodistas y cooperantes europeos y norteamericanos, fueron obligados a escuchar durante horas una larga disertación sobre la historia de Oriente Próximo en el ultimo decenio, concretamente desde la invasión anglonorteamericana de Irak, en la que detallaron cómo los combatientes de Estado Islámico en Irak, la organización heredera de Al Qaeda en Mesopotamia liderada por el sanguinario Abú Musab al Zarqaui -el hombre que estrenó la práctica del degollamiento ante las cámaras con la ejecución del norteamericano Nick Berg- se habían introducido en Siria aprovechando la guerra civil. Querían, ante todo, no despertar suspicacias entre sus anfitriones, para que no les sucediera lo mismo que les había pasado años atrás en Bagdad y alrededores, es decir que los propios musulmanes sunís a los que supuestamente habían venido a defender, acabasen repudiándolos y considerándolos una fuerza ocupante.

“Al principio, aceptamos integrarnos en las filas de Jabhat al Nusra”, reveló el secuestrador a su -nunca mejor dicho- cautiva audiencia. Jabhat al Nusra o Frente al Nusra es el brazo armado de Al Qaeda en Siria, una organización formada fundamentalmente por yihadistas sirios que, a diferencia de EI, tiene como principal objetivo el derrocamiento de Asad.

Después -continuó en un inglés con marcado acento londinense- los combatientes recién llegados de Irak fueron creciendo en número y asentando posiciones en Siria hasta abril del 2013, fecha en que el líder del grupo, Omar al Baghdadi, sucesor de Zarqaui, se sintió lo suficientemente consolidado como para proclamar el Estado Islámico de Irak y el Levante, que más tarde pasaría a llamarse Estado Islámico a secas.

¿Qué proceso experimentó Estado Islámico de Irak, una guerrilla que a principios del 2012 se encontraba a la defensiva y circunscrita a regiones desérticas y rurales del país mesopotámico, para que, en un par de años, ejerciera su autoridad sobre un territorio equivalente a Castilla-La Mancha y una población de entre tres y ocho millones de personas?

Los historiadores llegan a conclusiones sobre un acontecimiento determinado solo decenios después que suceder su objeto de estudio. Y aunque aún es pronto para respuestas definitivas, sí muchos analistas han deducido, a partir de la información disponible, que EI es algo así como una tormenta perfecta, un engendro en cuyo cuerpo y fuerza presente han contribuido todos los actores de la guerra siria, desde las monarquías del golfo Pérsico hasta el propio régimen de Damasco, pasando por Turquía y las potencias que auspician el proceso de paz: Rusia y EEUU.

En los primeros años del EI en Siria, antes de que sus combatientes se hicieran con el control de yacimientos de petróleo en Deir Ezzor, concediéndoles una fuente de ingresos estable, los combatientes de Baghdadi se financiaron a partir de “donaciones privadas procedentes de Catar y Arabia Saudí, de unas decenas de miles de euros cada una”, según fuentes occidentales de inteligencia. Corrían los años 2012 y 2013, EEUU, reticente siempre a implicarse en el levantamiento sirio, había subcontratado la tarea de respaldar financieramente a los alzados en armas en sus aliados, Riad y Doha. Y ello, pese a que el proceso, tal y como constató entonces la periodista libanesa Roula Khalaf, de Financial Times, era “caótico y desorganizado”, sin que nadie controlara los flujos de dinero y sus receptores.

El régimen de Asad es uno de los principales responsables de las dimensiones que ha adquirido el fenómeno. En el 2012 y el 2013, la aviación siria atacó con denuedo las posiciones de las facciones sirias moderadas, dejando campo libre a los yihadistas, que aprovecharon para expanderse lejos de las zonas bajo control gubernamental. En el 2015, cuando las Fuerzas Aéreas rusas intervinieron, imitaron este patrón de actuación, concentrando sus ataques en la oposición moderada. El objetivo era presentar al mundo un conflicto sin grises, con dos únicas opciones: el mal menor representado por Asad, frente al EI, la gran amenaza.

Existen además evidencias de colusión entre Damasco y el EI, previas incluso a la guerra civil siria. A principios de la década pasada, según desveló la revista alemana Stern, los yihadistas de Zarqaui entraban en Irak a combatir a EEUU con sellos sirios estampados en sus pasaportes.

EXACERBAR EL RADICALISMO

Después, según reveló a ‘The National’ en el 2014 un agente arrepentido sirio, en cuanto arrancó el levantamiento democrático, las agencias de inteligencia sirias liberaron a cientos de presos yihadistas en sus cárceles para “exacerbar el radicalismo” y transformar “una revolución pacífica en una rebelión violenta”. Y cuando el autoproclamado califato se extendió por el este de Siria y el oeste de Irak, los tratos bajo mano entre Damasco y las huestes de Baghdadi se intensificaron. En marzo del 2015, la UE y EEUU sancionaron a George Haswani, un hombre de negocios sirio, al que acusaban de comprar petróleo al EI en nombre del régimen sirio. Este negó la acusación.

Turquía no está ni mucho menos libre de responsabilidad. En infinitud de trabajos periodísticos se le apunta con el dedo acusador por su laxitud respecto a los combatientes yihadistas, a quienes permitió el paso por su territorio e incluso dio refugio y tratamiento médico, con el objetivo de fortalecer a los enemigos de las milicias kurdas, su archienemigo.

Rusia, un país con miles de ciudadanos luchando en las filas del EI, también podría haber aportado su grano de arena. Recientemente, el líder checheno, Ramzán Kadírov, reveló en una entrevista televisiva que las fuerzas chechenas “habían tejido una tupida red de espionaje dentro del Estado Islámico” para, según él, "identificar desde tierra" los objetivos que debía atacar Rusia. Y ello, pese a que los aviones rusos apenas han bombardeado hasta el momento posiciones del EI.

El futbolista portugués se refirió brvemente al final del Real Madrid - Borussia