Asma Asad, la esposa del presidente sirio, Bashar al Asad, ha roto su silencio por primera vez desde que comenzaran las revueltas, hace 11 meses, y ha expresado su incondicional apoyo a su marido, en un correo electrónico que ha hecho llegar a través de un intermediario al diario británico The Times.
"Bachar al Asad es el presidente del país entero, no de una facción de sirios y la primera dama le apoya", ha explicado la glamurosa Asma, de 36 años, nacida y educada en Londres. Asma justifica su largo y criticado silencio aduciendo "una agenda extremadamente apretada dedicada principalmente a obras de caridad, con las que siempre se ha comprometido, pero también volcada en apoyar al presidente en lo que necesite".
La cara más amable de lo que se llamó "la primavera siria" está, según asegura en el mensaje enviado al diario británico, "totalmente activa en la promoción del diálogo". Después de los rumores que la situaban fuera del país, refugiada en Londres con sus tres hijos, la primera dama ha tenido que salir al paso de las críticas alegando que "ha estado escuchando y reconfortando a las familias de las víctimas de la violencia". La oposición siria ha calificado sus palabras de “una hipocresía intolerable".
Al contrario que su marido, de la minoría alauí, la primera dama es hija de musulmanes sunís, de un cardiólogo y una diplomática retirada. De hecho, su familia es originaria de la ciudad de Homs. Precisamente allí es donde se está focalizando la ofensiva militar del régimen sirio y donde se han producido los ataques más descarnados.
Asma inició una carrera profesional como inversora bancaria. Entró a trabajar en Deutsche Bank y luego fichó por J.P. Morgan. Conoció a Asad durante unas vacaciones en Siria y se mudó a su país en diciembre del 2000 para casarse con él.