El viernes por la noche, en un conocido programa satírico de la BBC, 'Have I got news for you', se ironizaba sobre el ojo profético de Alex Salmond con la economía. Uno de los participantes recordó los tiempos, no tan lejanos, en que Salmond era íntimo amigo de Fred Goodwin, cuando este era director del Royal Bank of Scotland. El que terminaría siendo el banquero más odiado de Gran Bretaña y el líder nacionalista se habían propuesto hacer de Escocia, según decían, una potencia financiera internacional, como Islandia. Durante el mandato de Goodwin, la entidad bancaria perdió 28.000 millones de libras y terminó siendo intervenida por el Estado. Islandia, a su vez, acabó en la bancarrota.
Salmond repite ahora que una Escocia independiente sería más próspera. Los unionistas afirman lo contrario. La economía parece llamada a dominar la campaña del referendo y posiblemente decida su resultado. De momento, los empresarios escoceses, tradicionalmente reacios a la idea de la soberanía, están divididos. Según un sondeo llevado a cabo entre los líderes de grandes negocios, solo el 5% estaba a favor de la ruptura. La patronal pide a Salmond datos concretos sobre las consecuencias de dar el gran paso.
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