Mientras crece el coro de voces públicas que defienden el ataque militar a Irán como una respuesta inevitable para frenar el programa nuclear iraní y la supuesta amenaza existencial que representa para Israel y el llamado mundo libre, Occidente sigue apretando las tuercas en forma de sanciones. El presidente Barack Obama firmó el domingo una orden ejecutiva para congelar los activos económicos iranís en EEUU y en las sucursales bancarias estadounidenses en el extranjero. Las sanciones afectan también al Banco Central iraní, la entidad que procesa la mayoría de transacciones del petróleo.
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En una carta enviada al Congreso, Obama justificó las nuevas medidas a la luz de «las prácticas engañosas del Banco Central y otros bancos iranís para ocultar las transacciones de las entidades sancionadas». También se refirió a las «deficiencias» de los mecanismos iranís para combatir el lavado de dinero y al «riesgo inaceptable que suponen las actividades» de Teherán «para el sistema financiero internacional».
GESTO A ISRAEL / Hay quien interpreta el endurecimiento imparable de las sanciones europeas y estadounidenses como un gesto de apaciguamiento hacia Israel, una forma de contener sus veleidades militares. En una entrevista el domingo, Obama dijo que no cree que el Estado judío haya tomado la decisión de atacar a Irán en primavera, como se ha atribuido a su secretario de Defensa. También destacó que su Administración «no tiene ninguna evidencia» de que el régimen iraní tenga «intenciones o capacidad» de atacar EEUU en represalia a un posible ataque sobre sus instalaciones nucleares.
En Teherán, un diario independiente publicó ayer que una agencia estatal ha prohibido importar muñecos de los Simpson para frenar la promoción de la cultura occidental. Desde el advenimiento de la Revolución Islámica, el régimen lucha contra la influencia cultural de Occidente, que a su juicio corrompe los valores islámicos. Libros, filmes, peinados o muñecas como Barbie están prohibidos desde hace años. El diario reseña que del boicot se han salvado los personajes de Superman y Spiderman porque supuestamente «ayudan a los oprimidos y transmiten una imagen positiva».