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El drama diario en el mar

Un niño sirio de dos años se convierte en el primer refugiado del año que muere en el Egeo tratando de llegar a Europa

El drama diario en el mar

AFP / Santi Palacios / AP

Un hombre ayuda a un niño cuyo barco ha naufragado este domingo en el Egeo.

C. P. H. ATENAS

Domingo, 3 de enero del 2016 - 22:27 CET

Un niño sirio de dos años se ha convertido este fin de semana en el pimer refugiado del año que pierde la vida en las aguas del Egeo. El bote neumático en el que viajaba con otras 39 personas se estrelló contra las rocas de la isla de Agatonisi el sábado por la mañana debido al fuerte oleaje y unos pescadores localizaron luego su cuerpo en el agua. Una mujer y su bebé de tres meses tuvieron que ser tratados por una hipotermia severa.

Con este nuevo drama, Grecia se confirma como la principal puerta de entrada de refugiados e inmigrantes a Europa, lo que ha colocado al país bajo la presión de Bruselas. Pese a las reticencias iniciales, el Gobierno griego ha adoptado finalmente medidas para reducir el flujo de refugiados que llega al norte de Europa a través de la ruta de los Balcanes. Por una parte, Atenas facilita que aquellos que pueden optar al asilo en otras naciones a través del sistema de relocalización esperen en el país. Pero también, se ha comprometido a detener y, eventualmente, expulsar a las personas procedentes de lugares que no están considerados en conflicto.

En instalaciones olímpicas

Desde principios de diciembre, Macedonia solo permite el paso a refugiados procedentes de Siria, Irak o Afganistán -una medida que, según el primer ministro griego, Alexis Tsipras, amenaza con convertir a su país en un “depósito de almas”. Desde entonces, más de 3000 personas de otras nacionalidades que se agolpaban en la frontera han sido trasladadas de vuelta a Atenas. Alojados en antiguas instalaciones olímpicas, disponen de 30 días para abandonar el país por sus propios medios, solicitar asilo o acogerse a la repatriación voluntaria.

En diciembre, las autoridades dieron orden de detener de inmediato y de no proporcionar documentos temporales de ningún tipo a los inmigrantes procedentes del norte de África que llegaran a las islas desde Turquía, de cara a su expulsión. Un destino más incierto espera a los ciudadanos de aquellos países con los que no existen convenios de repatriación, como es el caso de Irán. Todo ello, a pesar de que el compromiso inicial del Ejecutivo de Tsipras era avanzar hacia el cierre de los centros de detención.

Además, los 80 millones de presupuesto comunitario concedidos recientemente para crear 20.000 plazas de vivienda pretenden disuadir a los refugiados de emprender la ruta de los Balcanes. Gracias a esta mejora en la capacidad de acogida, más familias se plantearán la posibilidad de quedarse en Grecia o de esperar allí la reubicación prevista en el controvertido sistema de cuotas. Según lo acordado, 66.000 refugiados serán trasladados de Grecia a otros países, aunque de momento son solo unas docenas los que han abandonado el país, rumbo a Luxemburgo, Lituania y Portugal.

Entretanto, continúan a contrarreloj los trabajos para poner en funcionamiento los cinco centros de acogida y registro proyectados en las islas con más afluencia -solo el de Lesbos está de momento operativo-. El Ministerio de Migraciación achaca las dificultades que aún persisten en el proceso de identificación de los recién llegados, conforme a estándares europeos, al retraso en el envío del personal y los equipos solicitados a la Unión Europea.

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