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Decía Shakespeare en Hamlet que «cuando llegan las penas, no vienen de una en una, como los espías, sino en batallones». A menos de seis semanas para las elecciones presidenciales en las que buscará permanecer en el poder seis años más, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, está viendo encarnadas estas palabras.
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 31 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Durante las últimas dos semanas, una serie de reveses y tragedias han puesto al Gobierno a la defensiva. Primero, las lluvias provocaron el desbordamiento de varios ríos y el colapso de la infraestructura vial en varias zonas del país. Pocos días después, 26 personas fallecieron en un enfrentamiento con armas de fuego entre presos de la cárcel de Yare I. A comienzos de la semana pasada, Chávez tuvo que terminar de forma abrupta una transmisión en radio y televisión desde la región de Guayana debido, según la versión gubernamental, a un fallo en el audio, aunque la oposición lo atribuye a la irrupción de trabajadores de las empresas estatales para protestar y exigir al Gobierno la firma de sus convenios colectivos. Por último, el sábado se produjo una explosión en la refinería de Amuay, en el oeste del país, que hasta ahora ha dejado 41 fallecidos, un centenar de heridos, varios desaparecidos y más de 500 familias sin vivienda.
«Esto va a tener sin duda un efecto en la imagen del presidente Chávez porque deja ver un país colapsado, que tiene crisis simultáneas en muchas áreas vinculadas con la eficiencia de la gestión», explica Mariana Bacalao, profesora de Comunicación Política y Opinión Pública en la Universidad Central de Venezuela y socia de la empresa de investigación Mejo-Kóji Consultores. «La mejor tarjeta de presentación del Chávez candidato es mostrar lo que ha hecho en los años anteriores para pedir a la gente que prorrogue ese mandato. Pero cuando tienes una serie de crisis que se solapan, eso pone en tela de juicio cuáles son las bondades del Gobierno», añade.
En el manejo de la crisis de Amuay, que es el accidente más grave que ha ocurrido en Venezuela en una refinería, la experta señala que el Gobierno ha tenido varios aciertos como la creación de un fondo para compensar a las víctimas, así como la visita que realizó Chávez al hospital donde están ingresados los heridos.
Sin embargo, Bacalao cuestiona la existencia de múltiples portavoces oficiales que se contradicen entre sí, así como algunas afirmaciones de Chávez, quien llegó a decir en un acto de homenaje a las víctimas que «la función debe continuar». «Esa reacción es un error porque la gente que tiene heridos, que ha perdido casas, quiere sentir que no existe nada más importante que eso que les está cambiando la vida», apunta la experta.
Bacalao, quien señala que en dos estudios de focus group que han hecho encontraron que lo que más le molesta a la gente, incluso a los chavistas, es que parece que la campaña electoral es el epicentro de la agenda y no la atención a la población necesitada.
Para el consultor político Gabriel Reyes, esta cadena de desastres afecta el ánimo de los votantes: «El pesimismo es un disparador de la abstención. Es muy difícil que un chavista vote por el candidato de la oposición, Henrique Capriles, pero el chavista light analiza la respuesta ante la crisis y puede cuestionar su fidelidad a Chávez, lo que puede llevarle a no votar», explicó a un diario venezolano.