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Análisis

Del desastre económico a la divina comedia

Sábado, 23 de febrero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Rafael Vilasanjuan Periodista

Lo que está en juego en las elecciones italianas no es solo su futuro, en parte también es el nuestro. Por eso genera al mismo tiempo interés y sorpresa que el país se asome de nuevo al abismo y que la campaña que este fin de semana desembocará en la urnas haya promovido un debate tan delirante como desmesurado, con personajes que podrían estar descansando en el infierno de Dante.

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Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 23 de febrero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Parecía que Italia, tras años de política plagados de tribunales, escándalos, corrupción y bunga bunga, estaba vacunada contra el populismo. Sin embargo, a medida que arrecian dudas sobre el horizonte inmediato, emerge de nuevo el incombustible Silvio Berlusconi, que durante casi dos décadas acaparó la vida pública, el poder político y los tribunales en beneficio propio sin acometer una sola reforma de calado. Las encuestas parecen obstinadas en demostrar que la apuesta de su retorno es posible.

Tal vez no se siente en la silla de gobernante, pero podría estar detrás. Y por si fuera poco, junto al regreso de Berlusconi, en el panorama político amanece un nuevo populismo, el de Beppe Grillo, que interpreta el papel opuesto. Pero juntos, son capaces de reducir la escena italiana a una caricatura permanente.

En medio del drama que ha llevado a la octava economía del mundo al desastre, la tentación al sarcasmo es comprensible pero no debería llevar a engaño. Grillo se erige en abanderado de la moral y la virtud pero la conexión de ideas con Berlusconi no es menor. Ambos prometen reducir impuestos, aligerar el Estado y aprovechan las políticas rígidas de austeridad para abominar de Europa. Todo un contrasentido. Tampoco andan mal de fobias, ambos agitan el debate de la inmigración y, con visiones opuestas, los dos son profundamente misóginos.

Mientras la inteligencia de Berlusconi apenas le llega para intuir que la mujer sea algo mas que un objeto sexual, Grillo no hace ascos al peso de la tradición en el papel que una sociedad como la iraní reserva a la mujer. ¿Qué poderosa razón se escapa para entender el apoyo sustancial a estas opciones?

En principio no debería parecernos lejana. Les une la corrupción, porque aunque para Berlusconi sea el ecosistema donde se alimenta el poder y Grillo pretenda combatirla con juicios públicos en estadios de fútbol, los dos se nutren de ella para una misma propuesta. No tienen un plan de gobierno, compiten para destruirlo. En una sociedad hastiada con los políticos, cansada de corrupción y escéptica sobre las medidas de austeridad que ahogan la economía oficial, ambos se han convertido, como el teatro, en una válvula de escape.

Mientras siga siendo posible una coalición entre el líder de la izquierda Pier Luigi Bersani y Mario Monti, el populismo y la caricatura podrán quedar relegados a un Senado variopinto propio de una comedia divina. Como la alternativa es que Italia acabe hundida en una crisis aun mayor, que inmediatamente contagiaría a una Europa moribunda, de momento es mejor pensar que no volverá el desastre, aunque solo sea porque en el último instante los italianos acaben recordando lo que lo hizo posible.

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