Carlos Elordi
Periodista
El lunes David Cameron y Alex Salmond fijarán los últimos detalles. Pero la prensa de Londres y la escocesa no esperan sorpresas: los escoceses votarán en 2014 si quieren o no la independencia. Y también dan por hecho que en la papeleta del referendo figurará una sola pregunta: el sí o no a la independencia. Esa es la concesión de Salmond, que quería que a los electores también se les permitiera optar por una mayor autonomía que la actual.
Información publicada en la página 10 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 11 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
A cambio, Cameron ha cedido en que puedan votar los mayores de 16 años y asimismo en que la consulta tenga lugar en el 2014 y no el año que viene, como inicialmente él propuso, seguramente con el fin de reducir al máximo posible el tiempo de campaña de los nacionalistas.
Nadie se atreve a predecir lo que va a ocurrir. Los sondeos cambian demasiado rápidamente como para aventurarse: en enero, los partidarios de la independencia eran el 44 %. Esta semana habían caído al 28 %. Se dice que el éxito olímpico del equipo británico -en el que competían los escoceses, a diferencia de lo que ocurre en el fútbol- ha influido en el ánimo de la gente y que no pocos han pensado que la Escocia independiente podría ser tan irrelevante como lo habría sido su equipo olímpico de haber competido aislado: la prensa «unionista» británica, es decir, toda, la de derechas y la de izquierdas, no deja de ahondar en ello.
Esa línea, no muy distinta de la que está siguiendo el centralismo español ante las demandas independentistas catalanas, se aplica a todo lo demás. Desde el peligro de que la Escocia independiente se quede sin la libra al de que tendría que pagar sus gastos asistenciales -que son muy importantes en un territorio que no es de los más boyantes de la economía británica-, toda suerte de negros augurios se hacen a los cinco millones de escoceses si deciden optar por la ruptura.
En todo caso, sin dramatismo ni apelaciones a las varias guerras que británicos y escoceses han librado en los siglos pasados. Tal vez porque nadie cree que el sí puede ganar: habrá que ver qué ocurre si los sondeos cambian, de nuevo, dentro de unos meses. Porque la mayoría absoluta de los nacionalistas de Alex Salmond en el 2011 también cogió por sorpresa a todo el mundo.
Lo que sí está claro es que la gran mayoría de los escoceses se sienten en primer lugar eso, escoceses.