Los servicios secretos alemanes están atravesando la crisis más grave de su historia. En los últimos 10 días han dimitido tres destacados dirigentes de la llamada Oficina Federal para la Protección de la Constitución: su máximo responsable, Heinz Fromm, y los jefes del servicio secreto de Sajonia y Turingia. Como fondo de esta crisis y su principal causa, las turbias relaciones entre agentes de los servicios secretos y los movimientos nazis.
Información publicada en la página 17 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Heinz Fromm, el jefe de la oficina federal de los servicios secretos, dimitió a principios de este mes, «decepcionado y sorprendido» por el mal funcionamiento en las investigaciones al denominado «trío de Zwickau», un grupo de jóvenes violentos de ideología nazi, autores de 10 asesinatos cometidos entre los años 2000 y 2007. Las víctimas del trío de Zwickau, Uwe Mundlos, Beate Zschäpe y Uwe Böhnhardt, fueron ocho personas de origen turco, un griego y una agente de policía. Además, atracaron bancos y colocaron bombas.
La dimisión de Fromm y de los responsables de Sajonia y Turingia se produce días después de conocerse que personal de la agencia había destruido pruebas sobre las investigaciones de las actividades del grupo nazi Clandestinidad Nacional Socialista (NSU), fundado por Mundlos, Zschäpe y Bönhardt.
El desprestigio de los servicios secretos no es nuevo. Desde su fundación en 1950, han estado en el centro de las críticas. Se les ha acusado de «estar ciegos del ojo derecho» y centrar sus trabajos en los movimientos de izquierda. En su página web -en la que aún figura como máximo responsable Fromm, que permanecerá en el cargo hasta el próximo 31 de julio- se describen los principales objetivos de la oficina: extremismos de derecha, extremismos de izquierda, extremismos extranjeros -aparte de movimientos islamistas-, y terrorismo de carácter islamista. En el apartado dedicado a la extrema derecha, se especifica que «neonazis, skinheads y otros extremistas de derechas son un importante campo de observación para la oficina de protección constitucional».
Indignación social
El descubrimiento de los crímenes racistas del trío de Zwickau indignó a la sociedad alemana; dirigentes de todas las fuerzas democráticas exigieron mayor control y transparencia en el funcionamiento de los servicios secretos, que dependen del Ministerio del Interior, dirigido por el político bávaro Hans-Peter Friedrich. El ministro anunció, tras la dimisión de Fromm, cambios radicales en los servicios de inteligencia responsables del contraespionaje y la lucha antiterrorista, por los errores cometidos en la investigación de la célula autora de los crímenes.
«No puede volver a pasar lo que ha sucedido y por ello debe haber consecuencias», manifestó. Por su parte, la ministra de Justicia, la liberal Leutheusser-Schnarrenberger, que ya ocupó el cargo en la época de Helmut Kohl, exigió más controles en el funcionamiento de los servicios secretos, «frente a los fallos en las investigaciones contra los terroristas de extrema derecha radicales».