"Nosotros, los napolitanos, somos muy fantasiosos. Es parte de nuestro kit de supervivencia", ironiza el comerciante Enrico Inferrera mientras pasea con gafas de espejo y traje azul por la calle de Roma de Nápoles, a 100 metros de la plaza del Plebiscito.
En el corazón de la ciudad, la recién inaugurada estación de trenes de Nápoles permite dar un aprobado a la nueva gestión del alcalde Luigi de Magistris pero, no muy lejos de allí, las tiendas cerradas o en alquiler recuerdan que esta urbe, saqueada y maltratada durante siglos, exhibe una de las peores tasas de paro europeas, el 31,3%, muy por encima del promedio de Italia, en torno al 10%.
"Es por eso que no es de extrañar que Nápoles vaya camino de convertirse en la primera ciudad de Europa en la que se usará una moneda alternativa y complementaria al euro, el napo, que ha sido creada por un Gobierno municipal", explica a EL PERIÓDICO el concejal Marco Esposito, creador de la iniciativa, que ha entrado en vigor este mes de forma experimental y, si todo sale bien, se implementará a pleno ritmo antes de Navidad.
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