Una silla vacía presidirá hoy la entrega del Nobel de la Paz en Oslo. Por primera vez desde 1936, el galardonado no recibirá el premio personalmente, y ni siquiera se espera que pueda recogerlo algún familiar o amigo. Esa es la victoria de China. A cambio, ha revelado la distancia que la separa del resto del mundo y mostrado signos de preocupante alejamiento de la realidad.
Información publicada en la página 15 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 10 de diciembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Pekín reservó las críticas más afiladas para la víspera de la ceremonia del premio a Liu Xiaobo, disidente chino condenado a 11 años de cárcel tras pedir reformas democráticas en el país. El Ministerio de Asuntos Exteriores repitió ayer la teoría de que el premio y las críticas a su política de derechos humanos solo pretenden frenar el auge de China.
«Esos intentos están condenados al fracaso», vaticinó. Aclaró que Liu no está encarcelado por sus «comentarios» sino por publicar en internet artículos «inflamatorios» que buscaban tumbar la autoridad política y el sistema social. Llamó «arrogante e irracional» a la Cámara de Representantes estadounidense, que el día anterior reconoció la labor de Liu y pidió su liberación, por «distorsionar la verdad y entrometerse profundamente en los asuntos internos» de China. Y finalizó sosteniendo que la aplastante mayoría del mundo está en contra del premio. «Las gentes del Comité Nobel deben admitir que son minoritarias», dijo.
COMPARTIR HOSTILIDAD / La campaña diplomática china ha conseguido que 19 países no manden representantes a Oslo. Son, en su mayoría, naciones con una estrecha dependencia económica de China o que comparten la hostilidad hacia las presiones occidentales sobre derechos humanos. Los gobiernos serbio y filipino recibieron fuertes críticas por sumarse al boicot, mientras Colombia y Ucrania lo abandonaron. El Comité Nobel asegura que dos tercios de los invitados asistirán.
Grupos de derechos humanos se manifestarán en Oslo para apoyar la concesión del premio. Pekín, por su parte, ha movilizado a la comunidad china en Noruega para concentrarse también frente a la sede.
Pekín ha estrechado el control sobre la disidencia. La esposa de Liu y docenas de amigos, cercanos o lejanos, permanecen en arresto domiciliario. A algunos críticos con el régimen, como el célebre artista Ai Weiwei, se les ha prohibido salir del país. La policía impidió ayer a abogados, académicos y representantes de oenegés acudir a un seminario sobre el imperio de la ley en la embajada de la Unión Europea en Pekín.