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CONGRESO EN PEKÍN

China aprueba el cuarto relevo de dirigentes comunistas

Los nuevos hombres fuertes del país se confirmarán hoy con un antiguo ritual

ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

Jueves, 15 de noviembre del 2012

Una votación en el 18º Congreso del PCCh, ayer. El presidente Hu Jintao ocupa el segundo lugar ((derecha).

Los más de 2.000 delegados clausuraron la semana política más importante de la década cantando en pie La Internacional en el salón central del Gran Palacio del Pueblo, cuya pared más noble decoran una hoz y un martillo gigantes. «Anuncio que el 18º Congreso del Partido Comunista de China ha alcanzado un final victorioso», declaró con voz rotunda el presidente saliente, Hu Jintao. La quinta generación de dirigentes, mayoritariamente en su cincuentena, jubila a la cuarta, ya sesentona. El desenlace no se conocerá hasta hoy, cuando se abra la puerta lateral del Salón Oriental y desfile la renovada cúpula en fila india. Importan los integrantes y el orden, que revela la jerarquía en el Comité Permanente del Politburó. Sus miembros pilotarán el rumbo durante la próxima década.

QUINIELAS ARRUINADAS / En el pasado congreso del 2007, Xi Jinping desfiló por delante de Li Keqiang y arruinó las quinielas de muchos observadores internacionales. No se esperan más sorpresas hoy: Xi relevará a Hu como secretario del Partido y en la Asamblea Nacional Popular de marzo será nombrado presidente. La hoja de ruta también establece que Li sustituya a Wen Jiabao como primer ministro. Las dudas se mantienen en el resto de los miembros del comité, cuya composición ha sido negociada durante meses.

Los rumores sostienen que Hu romperá la perniciosa casuística y dejará también la jefatura de la Comisión Central Militar, que manda sobre el Ejército Popular de Liberación. Sus predecesores la habían retenido durante dos años después de dejar la presidencia para mantener su influencia. El paso a un lado de Hu permite interpretaciones diferentes: un acto de generosidad hacia su sucesor, una concesión a cambio de meter a más acólitos en el Comité, o el simple cansancio de una década de tensiones entre facciones. Frente a Hu se ha colocado el clan de Jiang Zemin, que ha certificado en este congreso su vigencia política después de que la prensa hongkonesa publicara su muerte física el pasado año. Tiene 86 años, dejó la presidencia hace diez pero nunca ha perdido el poder.

China ha ido preparando el relevo cuidadosamente el relevo durante cinco años. La tranquilidad prevista, sin embargo, ha sido arruinada por una retahíla de escándalos que Pekín, en tiempos de Internet, no ha podido tapar bajo la alfombra: Bo Xilai, secretario del partido en Chonging, fue destituido por corrupción; un aliado de Hu fue apartado después de que su hijo falleciera al volante de su coche de marca Ferrari con una chica desnuda al lado; y Xi y Wen han visto desnudadas las riquezas de sus clanes en la prensa occidental.

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