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Análisis

La Casa Blanca y los ricos de 'Forbes'

Jueves, 8 de marzo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ALBERT GUASCH

El multimillonario Sheldon Adelson, judío de piel sonrosada, militancia inflexible de la causa sionista y rey de reyes de los casinos -como bien sabemos ahora en Barcelona y Madrid-, es la trinchera financiera de la campaña electoral de Newt Gingrich. Adelson acumula suficiente fondo como para gastarse 100 millones de dólares en un programa para que jóvenes judíos norteamericanos viajen a Israel. O para perder dinero a espuertas con un tabloide gratuito y colorista, ultraconservador hasta la médula, que se ha convertido en el diario israelí más leído.

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Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 08 de marzo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Ahora hablemos de Gingrich, exportavoz republicano en el Congreso, al que le gusta presumir de ser un instruido historiador. En sus mítines suele conectar a su manera las lecciones del pasado con los sucesos del presente, descuartizando en el proceso aquel viejo dicho de Washington: «Estás en el derecho de tener tus opiniones, pero no a tener tus propios hechos».

Gingrich es capaz de soltar granadas incendiarias en el debate electoral y quedarse tan pancho. «La realidad es que el pueblo palestino es un pueblo inventado», dijo un día. «En las escuelas palestinas enseñan terrorismo», remató un rato después. Adelson entregó a Gingrich 11 millones de dólares de una tacada y hace unos días, antes del supermartes, unos 10 más. Así, para ir tirando.

Podemos especular si es antes la contundencia antipalestina de Gingrich o el dinero de Adelson, el huevo o la gallina. Da igual. Lo evidente es que sin el magnate de los tapetes y las tragaperras haría ya semanas que Gingrich estaría en su casa de Georgia relamiéndose las heridas. De la misma forma que el católico Rick Santorum meditaría en estos momentos sobre si tirar la toalla de no contar con el bastión financiero de Foster Friess, un empresario muy católico que carga con el 40% del presupuesto de su campaña.

El caso es que después de 11 meses, 20 debates, 1.405 mítines y 106 millones de dólares gastados entre los cuatro candidatos, el Partido Republicano no tiene aún al aspirante para desafiar a Barack Obama. El supermartes no ha resuelto la partida. Podemos imaginarnos al estadounidense medio, y a nuestro lector, fatigado ya de esta maratoniana campaña. Podemos suponer que la dirección del partido conservador no sepa ya ni qué decir ante semejante desgaste fraternal. Y podemos imaginarnos a los candidatos exhaustos, subiéndose de nuevo a sus respectivos aviones para ir a otros estados a arrancar un trocito más de piel de sus rivales. Es la consecuencia impensada de las donaciones ilimitadas permitidas este año por el Supremo. Cualquier charlatán puede soñar un buen rato con la Casa Blanca con un rico de Forbes detrás.

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